Por Claudio Leveroni

La mirada miserable de Milei sobre los argentinos no tiene límites. Hace de sus dichos un derrotero que circula a contramano de lo que cualquier ser racional podría calificar como disparates que van en contra de sus posibilidades de ser votado por las grandes mayorías y acceder a la presidencia.

El candidato libertario en las últimas horas habló de corrupción en el Incucai dando un dato falso. En el debate del último domingo se atrevió a decir que “hay 7000 personas esperando un trasplante y 300.000 potenciales donantes”. Una mentira desmentida en duros términos por el organismo que regula la actividad.

Horas más tarde, ya en la mañana del lunes, en un reportaje Milei lanzó otra frase de enorme contenido irresponsable. El candidato presidencial más votado en las primarias definió a la moneda argentina como un “excremento”, como “basura que no sirve para abono”. Remató su agresividad sugiriéndole a los ahorristas no renovar los plazos fijo. El mundillo hiper reducido de la city porteña tomó las declaraciones de Milei para hacer lo que mejor sabe, boicotear el bolsillo del asalariado. El dólar marginal disparó su cotización.

Con estas declaraciones el principal referente de la extrema derecha ratifica la búsqueda del voto suicida. Escarba entre la inconciencia colectiva de miles de argentinos que, en su brutalidad formativa respecto de la historia y el presente, creen tener en este personaje un reaccionario pintoresco que incomoda a la clase política.

Esta masa de votantes parece ignorar que ellos mismo serán las principales víctimas si semejante energúmeno accede a la primera magistratura. Les está diciendo en la cara lo que hará, como aniquilará su capacidad adquisitiva, como degollará la industria nacional y los derechos sociales conquistados a lo largo de las últimas ocho décadas. No oculta que reeditará la fallida dolarización iniciada por Menem en los 90, concluida con la peor crisis de la historia argentina en 2001. Con la dolarización y cierre del Banco Central promete mejorar aquella versión llamada convertibilidad entregando la soberanía económica a la Casa Blanca.

Nada peor le puede pasar al país. La aceptación de Milei en las urnas es un voto suicida que le dejará a las generaciones venideras un país desgarrado que llevará tiempo sanar.