En las primeras líneas de su editorial del martes 27 de octubre último el diario La Nación asevera, sin mencionar ni siquiera alguna consultora que respalde el dato, que seis de cada diez personas creen que el atentado a la vicepresidenta es un montaje inventado por el kirchnerismo para victimizarse.

La Nación concluye su comentario definiendo que quienes protagonizaron el hecho podrían ser locos sueltos, idiotas útiles, fanáticos desquiciados o un grupo delictivo escasamente profesional al servicio de sectores interesados en generar un particular clima con consecuencias favorables a una líder política a quien la Justicia ha puesto contra las cuerdas. Sin rodeos el diario se inclina por esta última hipótesis.

Fogonear la idea de un autoatentado o minimizar este intento de magnicidio es una tarea que medios de comunicación opositores al gobierno nacional, como La Nación o el multimedio Clarín, vienen realizando casi desde el mismo día que la vicepresidenta tuvo a escasos centímetros de su rostro una pistola gatillada sin que saliera el disparo para acabar con su vida.

No es la primera vez en la historia argentina que medios de comunicación masiva introducen versiones interesadas que van a contramano de la realidad buscando montar escenarios ficticios con discursos propios. Posiblemente la diferencia de estos días con una situación similar en tiempos pasados es que ya no hay una mirada cándida de los lectores. Hoy nadie es ajeno a saber la postura que defiende cada medio de comunicación.

Hagamos un poco de historia. La Nación tuvo su nacimiento el 4 de enero de 1870 fundado por Bartolomé Mitre dos años después de finalizar su mandato como presidente. Como todos los diarios de la época, nació bajo un paraguas de interés político y de adoctrinamiento. 69 años antes de la aparición de La Nación, en 1801, el Río de la Plata vio circular su primer periódico, el Telégrafo Mercantil que con 8 páginas en tamaño de un cuadernillo se ofrecía tres veces por semana. Tuvo 110 ediciones antes de dejar de aparecer.

A ese primer medio gráfico le siguieron varios más, como el Semanario de agricultura industria y Comercio, bajo la dirección de Juan Hipólito Vieytes. Esa publicación tuvo que ser suspendida en junio de 1806 a raíz de las invasiones de los ingleses, quienes también propusieron su propio canal de penetración cultural, editaron La Estrella del Sur un periódico bilingüe en tamaño “tabloid” con dos columnas, una en inglés y la otra en castellano que se distribuía gratuitamente y del que aparecieron solamente siete números.

El primer periódico nacional de la etapa de la Independencia fue la Gaceta de Buenos Ayres, fundada por Mariano Moreno el 7 de junio de 1810 que perduró 590 ediciones hasta 1821, aunque ya sin Moreno quien murió en 1811, presumiblemente envenenado mientras navegaba rumbo a Inglaterra.

El diario La Nación desde sus inicios no ocultó su tendencia liberal-conservador, representando los intereses de un sector de familias con fuerte empoderamiento en la explotación agrícola ganadera en nuestro país.

Pese a esa tendencia La Nación confrontó con gobiernos liberales y sufrió consecuencias. En 1874, durante seis meses, fue clausurado por el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento. En 1876, ya lanzado en una campaña “mitrista” el presidente Avellaneda volvió a clausurarlo, a pedido de Sarmiento. Su postura en favor de la Revolución del Parque de 1890, de donde surge el radicalismo, derivó en una tercera clausura bajo la presidencia de Juarez Celman.

De esas clausuras se benefició La Prensa, otro diario conservador creado en 1869 por José Clemente Paz, de sólo 27 años. Con el tiempo esta publicación se transformó en una herramienta de comunicación poderosa e influyente entre los sectores medios de Buenos Aires, compitiendo de igual a igual con el diario de Bartolomé Mitre. En 1903 La Prensa promedió una venta de 150 mil ejemplares diarios.

El siglo XX comenzaría con cambios políticos más radicalizados a partir del fin de una etapa de 42 años de gobiernos del Partido Autonomista Nacional que instaló las bases del liberalismo económico, con una sucesión de gobiernos comandados por referentes de la llamada Generación del 80, como Mitre, Avellaneda, Sarmiento y Roca. Los cambios no fueron ajenos a la influencia mediática que imponían los diarios.

A poco de iniciado el nuevo siglo irrumpiría en el escenario de las comunicaciones el medio gráfico que hasta el día de hoy mantiene el récord de mayor venta de ejemplares en un solo día. Fue el diario Crítica, creado por un joven periodista uruguayo de tan solo 25 años llamado Natalio Botana. Critica tuvo su primera edición el 15 de setiembre de 1913. Adoptó formas de comunicación en su lenguaje y presentación de noticias menos pacatos que sus competidores La Nación y La Prensa. Utilizó recursos que recogió del sensacionalismo norteamericano para tratar cualquier tema empleando un lenguaje popular.

Su período de máximo esplendor fueron las décadas de 1920 y 1930. Usaba tipografía tamaño catástrofe. Se destacaba por las crónicas deportivas especialmente las de turf, boxeo y fútbol, la incorporación de historietas en color y las crónicas policiales. Llegó a ser un multimedio al tener una radio y su noticiero de cine propio. La máxima tirada la alcanzó el 15 de setiembre de 1939 con 811.258 ejemplares distribuidos en varias ediciones matutinas y vespertinas.

Si bien Crítica se especializaba en el desarrollo de las crónicas policiales y el deporte, contaba con un prestigioso suplemento cultural a cargo de Jorge Luis Borges. Tenía como colaboradores a Roberto Arlt, Alfonsina Storni, Carlos de la Púa, Homero Manzi, César Tiempo, los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón.

Contrario a lo que marcaba su perfil, Crítica se opuso a los movimientos políticos populares. Fue furioso anti-Yrigoyenista apoyando el primer golpe cívico-militar en el país, que impuso la dictadura de Uriburu, y también confrontó con los gobiernos peronistas, aunque ya sin la dirección de Bottana que falleció en 1941. Crítica cerró el 30 de marzo de 1962.

En los tiempos donde Crítica dejaba de circular ya se había encaramado entre los diarios con más circulación Clarín. Creado por Roberto Noble en 1945, aprovechando la paulatina decadencia del diario de Bottana, Clarín logró captar buena parte de sus lectores. En especial habitantes de una clase media ascendente que veían en este diario una postura apolítica que, por cierto no existía, pero siempre supo manejar criteriosamente.

La Nación, Clarín y también el vespertino La Razón supieron acoplarse con posturas similares durante el momento más crítico en la vida política de nuestro país en el siglo XX. Atravesaron los años de la más sangrienta de nuestras dictaduras, iniciada en marzo del 76, ocultando la siniestra realidad de esos días, sin sufrir clausuras, y crecieron notablemente. En estos 7 años ambos diarios consolidaron sus posiciones dominantes, al tiempo que otros, como el matutino La Opinión, eran censurados y sus responsables como Jacobo Timerman secuestrados y torturados.

Una investigación presentada en las jornadas de Historia y Periodismo en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en 2016 estableció que fueron 172 los trabajadores de prensa y reporteros gráficos víctimas de desaparición forzada y asesinato por el accionar represivo del Estado entre 1976 y 1983.

En 1976 la dictadura avanzó sobre los bienes del empresario banquero David Graiver, quien falleció en agosto de ese año en un accidente de aviación en México. A partir de ese día, su mujer Lidia Papaleo comenzó a sufrir terribles presiones vinculadas en sus bienes, entre ellos se encontraba Papel Prensa S.A.

Papel Prensa se creó en 1960 para sustituir las importaciones de papel de diario. Tal objetivo se logró a partir de 1978, cuando se puso en marcha su planta, ubicada en San Pedro.

Tras la muerte de Graiver su hermano de David y la viuda, Lidia Papaleo, quedaron a cargo de las empresas. El 2 de noviembre de 1976, mientras el grupo intentaba desprenderse de otras firmas propias para afrontar deudas, se firmó el traspaso accionario de Papel Prensa a una sociedad llamada Fapel, integrada por los diarios Clarín, La Nación y La Razón este último quebraría años más tarde, pasando su porción de las acciones al Grupo Clarín.

Para Clarín y La Nación la venta fue limpia y transparente. Sin embargo, Lidia Papaleo de Graiver reveló todo lo contrario, aseguró que firmó el traspaso de acciones bajo presiones y amenazas. Aseguró que el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, la amenazó directamente. Si se negaba a firmar el traspaso accionario, correría peligro su vida y la de su pequeña hija.

Clarín y La Nación se quedaron con el manejo del principal insumo para un diario, el papel. Sacaron enormes ventajas frente al resto de los medios gráficos. La concentración mediática representa el monopolio de la palabra a la hora de informar. Algo que Clarín logró fortalecer a partir de 1995 gracias al proceso de privatizaciones que encaró la presidencia de Carlos Menem.

La privatización de los canales de aire permitió la constitución de los grupos multimedia en Argentina encabezado por capital nacional proveniente principalmente del sector gráfico. Clarín se constituyó como Grupo en 1995

En la primera década del siglo XXI el Grupo Clarín consolidó su posición en la oferta de servicios de cable e Internet y apostó fuertemente hacia la digitalización de sus señales. En 2016 ingresó en el mercado de comunicaciones móviles y luego, con la megafusión entre Cablevisión con Telecom Argentina, pasó a liderar tanto las comunicaciones móviles como el mercado de conectividad de banda ancha.

Hoy, el Grupo Clarín domina las industrias de medios y telecomunicaciones en Argentina. Se destaca porque es el único operador del mercado local con presencia en forma transversal en los mercados de TV abierta, TV paga, radio, diarios, revistas, fabricación de papel, conectividad de banda ancha, telecomunicaciones fijas y móviles. Ocupa una posición de liderazgo.

La Nación también supo sacar ventajas de gobiernos débiles temerosos a sus críticas. En el 2001 obtuvo, a través de un decreto firmado por el entonces presidente Fernando de La Rúa y por su ministro de Economía Domingo Cavallo, el beneficio de no pagar el Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta computando sus contribuciones patronales sobre la nómina salarial como crédito fiscal en el momento de la liquidación del IVA.

Así y todo, acumuló una deuda de 330 millones de pesos con la AFIP que, a través de cautelares logró extender por más de una década, hasta que en 2014 un fallo judicial lo intimó al pago.

En la actualidad el Grupo Clarín es el más beneficiado por la pauta oficial. Recibe $ 1 de cada $ 8 invertidos por el Gobierno nacional y dominó el ranking al acceder al 12,5% del total de la pauta con más de $ 1.000 millones entre septiembre de 2021 y abril de 2022. La cifra casi duplica a sus inmediatos seguidores.