El cierre de la extensa jornada parlamentaria, que mantuvo durante 19 horas a los diputados girando en derredor del presupuesto 2022, desmorona cualquier intención que lleve a pensar que estuvieron envueltos en diferencias técnicas o, si se quiere, ideológicas. Nada de eso. Ese tramo final fue una seguidilla de instantáneas mostrando con brutal crudeza la estatura intelectual en la que se mueve la Cámara Baja.

La clausura de la jornada fue inesperada. Estaba acordado pasar a cuarto intermedio hasta el martes para seguir negociando modificaciones a la llamada ley de leyes. Retomando la sesión el titular de la bancada de la Coalición Cívica, Juan Manuel López, se despachó con un discursó exacerbado, al estilo Carrió, sin la estatura intelectual que merecía el momento. Dirigiéndose a la bancada oficialista señaló que la alianza que gobernó hasta el 2019 está unida y fuerte.

Sergio Massa, desde la atura de la presidencia, buscó con insistencia acortar los tiempos de exposición intuyendo que el acuerdo podía desbarrancarse ante la seguidilla de bravuconadas. La del lilito no fue la única.  El radical Rodrigo de Loredo mostró una inmadurez similar. Mientras escuchaba los gritos de los propios, aunque no de su bancada, que aludían a su rebeldía a aceptar al cordobés Negri como titular de la tropa, adjetivaba sin entender los tiempos de su exposición en ese tramo del debate. La paciencia de Massa llegó a su fin, le cortó el sonido del micrófono. No fue la primera vez en la larga jornada.

Máximo Kirchner intervino para descargar alguna respuesta que contenga al bloque que encabeza. En ese recorrido les recordó que que cuando fueron gobierno no hicieron pasar el endeudamiento con el FMI por el Congreso. La cita enloqueció al macrista Ritondo quien, enrojecido su rostro de furia, dijo que esa cita de Kirchner hacía modificar la postura del bloque (Pro) que conduce y por eso cambiaban su voto negando la posibilidad de cuarto intermedio hasta el martes.

El brote emocional lo recogió Negri adhiriendo a la postura de Ritondo y pidiendo el cierre del debate. La votación final mostró un tablero con 132 votos rechazando el presupuesto contra 121 a su favor. Fin de un capítulo de extraordinaria pobreza intelectual en Diputados. La emoción ganó sobre la razón. No hubo debate ideológico, que hubiera sido lo más sano. El rechazo al presupuesto no fue ideológico, es emocional, con la intención de sumarle una derrota al gobierno sin importar el costo que esto representa para el país.

El país queda debilitado para negociar la deuda que adquirió Mauricio Macri, de 44.500 millones de dólares, con el Fondo Monetario Internacional. No tener presupuesto es no tener metas para el año próximo. Algo necesario para mostrar ante las autoridades del organismo que mantiene, por estos días, engrillado el futuro argentino.