En la comunicación que sostienen los distintos y pocos funcionarios del gobierno nacional que hasta ahora están hablando, se percibe una indisimulable y marcada tendencia a sobredimensionar la crisis. Insisten en definirla como la peor de la historia ignorando las muchas anteriores, incluida la más reciente. En el 2001 el estallido dejó 38 muertos, 4.000 heridos, saqueos a comercios y corralito financiero. Hubo cinco presidentes en 11 días. ¿En serio que la de estos días es la peor crisis de nuestra historia?

Señalan, para sostener la falsedad de esa dimensión de la crisis actual, que estamos ante una proyección inflacionaria del 15.000 por ciento anual. Bajo este prisma sugieren riesgos de una hiperinflación que llevaría a pagar un sachet de leche $60.000, como ayer lo dijo sin ponerse colorado el ministro Luis Caputo, que habló de una herencia desastrosa como si él mismo no hubiese sido parte de ese pasado ocupando varios cargos de alta jerarquía en la administración Macri

Los datos y porcentajes que ofrecen no están acompañados de esquemas que expliquen como llegan a esa conclusión. Cifras dadas al voleo abarcando todo tipo de temas. En las escalinatas del Congreso nacional Milei habló de la pandemia afirmando que murieron más de 132.000 personas cuando podrían haber sido de 30.000. No explicó como llegó a esa cantidad.

Los anuncios del Ministro de Economía lejos de castigar a una casta política, como gustaron definir en campaña, caen con el peso de un yunque sobre la amplia clase media. A partir del 1 de enero se terminan los subsidios tanto al transporte como a los servicios de agua, luz y gas. El vocero presidencial, en su tercera conferencia de prensa este miércoles, no pudo dar precisiones sobre cuanto costará el pasaje en colectivo. Sin subsidio estará por encima de los $500.