Por Claudio Leveroni

El año comenzó con sobrevuelos rasantes de noticias que descargan denuncias y operaciones políticas de dudoso origen. Maniobras que anticipan el ingreso a tiempos electorales bajo una consigna donde “todo está permitido” con tal de hacer descarrilar al otro en su camino a la Rosada.

La puja más virulenta está dentro del principal espacio opositor al gobierno nacional. Las tareas de espionaje marginal dejaron al desnudo la insana relación entre funcionarios de la Ciudad de Buenos Aires, jueces y empresarios del principal grupo mediático del país, reunidos en la casa de un magnate británico en Lago Escondido. La información, ocultada por los medios involucrados en la confabulación, se filtró con chats y mensajes de voz de los involucrados buscando estrategias para evitar se sepa que alguien pagó el viaje y la estadía. Fuerte, demasiado para no disparar lucubraciones siniestras y poco democráticas.

El más golpeado políticamente por la acción al descubierto fue el Jefe de gobierno porteño, aunque él no haya estado en la tertulia. Dos de sus funcionarios más cercanos participaron del cónclave, el ministro Marcelo D’Alessandro y el fiscal general Juan Bautista Mahiques. Larreta se llamó a silencio público. Puertas adentro la sospecha de semejante operación apuntó a su principal contrincante en la interna presidencial del Pro.

Dos semanas más tarde una segunda andanada de mensajes en chats profundizó la herida política del mandamás porteño. Esta vez desnudando la relación de su ministro de seguridad con un colaborador directo del titular de la corte suprema de justicia, más insinuadores diálogos de montos de dinero con un empresario que hasta agosto del año pasado acarreó autos con su servicio de grúas.

Esta vez Larreta no tuvo margen para llamarse a silencio. Lo intentó, pero una advertencia de Macri dejó al descubierto su debilidad. El ex presidente utilizó ambas operaciones para ratificar quien manda en el espacio que supo crear hace casi dos décadas atrás. La idea de una licencia para D´Alessandro fue consensuada entre todos y anunciada ante periodistas de medios amistosos y con voluminosa pauta publicitaria de la Ciudad de Buenos Aires. Las 3 preguntas realizadas a D´Alessandro bordearon lo vergonzoso, fueron centros a un área protegida por la impunidad mediática. Los medios opositores, y sin pauta de la Ciudad, se quedaron sin participar. “Queremos preguntar”, ironizó un cronista en la reunión ante la indiferencia de los funcionarios participantes.

Macri vio la puesta en escena por TV. Advertido que podía ir por más llamó a Larreta para recriminarle que debía haber estado presente junto a D´Alessandro. Le indicó que apunte al kirchnerismo como responsable de las tareas de espionaje ilegal atendiendo que corría como reguero de pólvora la versión que indicaba a Patricia Bullrich como la autora de las filtraciones. Al día siguiente el Jefe de Gobierno, a regañadientes, obedeció el mandato.

Larreta prefiere no confrontar con Macri. Apuesta a una negociación con él que despeje el camino para su candidatura. Está convencido que el ex presidente no irá por su segundo mandato y se terminará inclinando por darle apoyo a sus aspiraciones. Al deseo hay que acompañarlo de acciones, en ese contexto dejó un jugoso casillero libre para entregar en la negociación interna. Larreta no tiene candidato propio para sucederlo en la Ciudad. La puesta en escena de Fernán Quiros, Soledad Acuña y hasta Felipe Miguel fueron solo eso, una puesta en escena sin chances de prosperar. Jorge Macri es una posibilidad si lo bendice su primo, pero eso llevaría a un distanciamiento con los socios menores de esa alianza. Tanto la Coalición Cívica de Carrio, como Confianza Pública de Ocaña, ya advirtieron que no aceptan al ex intendente de Vicente López como candidato. De serlo, se van con Lousteau.

El manejo de la administración porteña es altamente codiciado. La ciudad más rica del país, medida por ingresos y cantidad de habitantes, tiene el tercer presupuesto más grande, después del Nacional y la Provincia de Buenos Aires. Voluminoso y fácil de llevar atento a que toda la geografía porteña tiene todos los servicios básicos, lo que permite un enorme volumen de dinero con libre disponibilidad.

Sin embargo, la estrategia de Larreta de ceder a un aliado interno la administración que él ejerce, ha sido tan visible que se transformó en una debilidad propia. Ya no está en condiciones de imponer una figura propia. Los radicales sienten que el camino para coronar a Lousteau está sin mayores obstáculos. La única duda que los atraviesa es saber si finalmente, como presupone Larreta, será Patricia Bullrich quien seda y acepte ser la candidata porteña. El resultado de una primaria entre Bullrich y Lousteau es impredecible. De todas formas, casi nadie cree que esto sea posible. “Bullrich va por la presidencia”, aseguran propios y ajenos a su espacio.