Por Claudio Leveroni
Las presiones políticas internas están poniendo en jaque al Jefe de Gobierno Porteño. Por estos días Larreta atraviesa una prueba crítica. Un escenario de confrontación puertas adentro de su espacio político está en ciernes. Se sabe, Larreta no puede ser reelecto en la Ciudad. Su inexorable destino es buscar el máximo honor en el escalón ascendente de cualquier político. Alcanzar con éxito la candidatura presidencial es un desafío a demostrar su capacidad de conducción política. La pandemia acortó los tiempos colocando ese reto antes de lo esperado.
En una primera etapa de la batalla contra el coronavirus Larreta fue favorecido por la coyuntura. La postal junto al presidente Fernández y al gobernador Kicillof potenció su imagen. Lo instaló con un protagonismo superlativo respecto a sus pares de Juntos por el Cambio. La segunda etapa no parece ser lo mismo. El viernes último, en la Quinta de Olivos, volvió a mostrarse acompañando la firmeza presidencial, respecto a continuar con el aislamiento. Los anuncios que realizó al día siguiente no coincidieron con esa postura. La apertura de comercios, incluyendo servicios no esenciales, relajó la cuarentena en la región con más contagios del país. Como un vaticinio de lo que vendrá, las estadísticas del lunes y martes marcaron un sostenido crecimiento de nuevos casos en la Ciudad.
Mientras los contagios aumentan en la geografía porteña, haciendo foco en los barrios más empobrecidos, la competencia amarilla por llegar a la Rosada crece en intensidad. Pichetto no descartó una posible candidatura presidencial suya. Patricia Bullrich, a cargo de la titularidad del Pro, tampoco lo hizo. Una pelirroja conductora televisiva le tiró el centro y ella gustosa lo cabeceó. Lo hizo mientras descargaba críticas a quienes le dicen a la gente que si la flexibilidad de la cuarentena no funciona bien habrá marcha atrás. Un amague que pareció apuntar al presidente. En realidad, fue un dardo para Larreta, el auténtico adueñó de esa afirmación.
Con el ex presidente Macri con dificultades para proyectarse en un intento de regreso, el reposicionamiento interno de este sector de la derecha nacional, no se agota en las aspiraciones presidencialistas del tridente Larreta, Pichetto, Bullrich. Los radicales mastican su propio destino. Hay varios frentes armados, se van mutando con llamativa facilidad. Muchos huyen de semejante desatino ultraconservador. Cruzan una frontera que ha dejado huellas en la historia argentina. Desde aquellos radicales de Forja, encabezados por Arturo Jauretche, que dejaron el partido de Alem para sumarse al peronismo en 1945, hasta los más recientes protagonizados por calificados referentes como Leopoldo Mareau. La observación anima a pensar que la corriente nacional y popular en nuestro país siempre lleva agua hacia un mismo destino.








