Una mezcla de honestidad brutal, humor negro que no es humor, y despreocupación por el que dirán, es lo que brotó del pensamiento hecho palabra cuando Federico Braun, el empresario dueño de una cadena de supermercados, respondió la consulta del comunicador  Ricardo Kirschbaum. “¿Qué hace La Anónima con la inflación?”, fue la pregunta. “Remarca precios todos los días”, confesó el empresario entre risas y carcajadas de quienes estaban presentes en el Foro de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que se desarrolló en el Hotel Sheraton.

En la puerta del majestuoso edificio de la zona de Retiro manifestantes le reclamaban al micro mundo del poder concentrado que cedan algo de su riqueza. El cachetazo de Braun los atravesó extendiendo su virulencia a una enorme franja social del país que sobrevive en la pobreza.

La confesión risueña de Braun se dio en el marco de una jornada convocada bajo el lema “El sector privado es el factor clave para el desarrollo”. Casi no hubo ausencias de los representantes del poder real, de aquellos que son dueños del latir cotidiano de nuestro país. Entre otros estuvieron Paolo Rocca (Techint), Luis Pagani (Grupo Arcor), Alfredo Coto, Héctor Magnetto (Grupo Clarín), Martín Migoya (Globant), Antonio Aracre (Syngenta) y Carlos Miguens (Grupo Miguens).

Los discursos de los multimillonarios se sucedieron bajo un llanto de reclamo permanente al poder formal. Se sienten acosados por los impuestos, piden más desregulación y el achicamiento del Estado es una obsesión. El Presidente Fernández envió un video y el Ministro Guzmán expuso la importancia de proveer de energía al país, también pidió defender la moneda nacional. El poder real siguió riendo.