La decadencia del subte porteño

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La decadencia del subte porteño se profundiza día a día, al estado de abandono de muchas estaciones y formaciones se suma la desprotección a sus trabajadores. La Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP) advirtió que el conflicto con la empresa concesionaria Emova por la presencia de asbesto en las unidades sigue sin resolverse.

Las protestas gremiales, que están acompañadas por acciones que van desde la liberación de molinetes hasta la suspensión parcial del servicio, se suman a otras duras críticas que recaen sobre la inacción del gobierno porteño para superar el estado de abandono que presentan muchas estaciones y vagones. A estas deficiencias se suman que en las últimas dos décadas no se ha sumado ni un metro más a la red.

La legisladora Cecilia Segura denunció que «Larreta le paga subsidios millonarios ($ 30.000 millones en 2022) a la empresa concesionaria del Subte para que los usuarios deban chapotear en las escaleras como ocurrió hoy en esta estación de la línea D».

Lejos de los «10 km por año» que prometía Macri, en 16 años no se llegó ni a tres y el actual jefe de gobierno porteño y precadidato a presidente terminará su gestión sin haber construído ni un kilómetro. Además de ser Buenos Aires, una de las capitales de latinoamérica con la menor red de subterráneos.

Un informe realizado por el Centro de Estudios de Desarrollo Económico de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) precisó que “actualmente el subte en la Ciudad tiene una extensión de 57,4 kilómetros con 106 estaciones incluyendo a las del Premetro”. En ese sentido, comparó que “el subte de Caracas (Venezuela) tiene 70,5 kilómetros, el de San Pablo (Brasil) 90 km, y el de Santiago de Chile 140 km”.

El subte de Buenos Aires se fundó en 1913, siendo la primera línea de subtes de Latinoamérica y en 1944 ya contaba con cinco líneas (A, B, C, D y E). De 1945 a 1980 fue una etapa de estancamiento, y de 1980 a la actualidad de expansión lenta, con una sola línea nueva, la H, que se puso en marcha durante el gobierno de Aníbal Ibarra a principios de este siglo.