Una reforma laboral consecuencia del cambio de valores socio-culturales

Por Claudio Leveroni

Atravesamos una época de extraordinaria singularidad. Acaso, la reforma laboral que impulsa el gobierno sea un caso testigo de la particularidad de estos tiempos. Invocando a los cuatro vientos, como si se tratara de un paso hacia la modernidad, este recorte de derechos es uno de los movimientos más atrevidos que el poder concentrado presenta por estos días.

Los logros laborales alcanzados durante años a fuerza de luchas y enormes sacrificios que costaron vidas son presentados en la actualidad como un obstáculo que impide el desarrollo del país. Ese mensaje en sí mismo no es una novedad, siempre existieron argumentos de todo tipo para justificar impedir una mejor distribución de la riqueza que genera el trabajo. Lo que sí representa una novedad es el consenso que alcanzó ese discurso en distintas franjas sociales. Sectores que desde su pasividad acompañan, o al menos no rechazan como hubiese sucedido en otros tiempos, el recorte de los derechos ganados.

Se trata de un cambio cultural que está íntimamente relacionado con la reconstitución de valores. La solidaridad va perdiendo fuerza en su pulseada con un exacerbado individualismo que observa a los conflictos sociales como un tema ajeno. Bajo esta mirada la pobreza, la indigencia o el desempleo, por nombrar algunas de las consecuencias que generan estos modelos económicos, son problemas que deben resolver los afectados. “Con la mía no”, se podría sintetizar en una frase con enorme recorrido en estos días.

El fortalecimiento de estos valores, instalados e impulsados mediáticamente por sectores interesados, dejan huellas muy visibles. La elección de un presidente con las particularidades que presenta Javier Milei es una muestra que tenemos a mano. Es un ejemplo de esos cambios de valores que conforman esta nueva cultura.

16 de enero de 2026

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