Por Claudio Leveroni
La evolución tecnológica modificó sustancialmente el hábito en el consumo de noticias del ciudadano común. De aquel diario en papel que acompañaba el despertar de cada día, con noticias ratificadas en el desayuno radial, se saltó en un puñado de décadas a un formato y dinámica bien distinto. Dos características muy cuestionadas si las relacionamos con la calidad de pensamiento y proyección cultural que han instalado en todo ese tiempo.
La tan elogiada celeridad en el procesamiento del consumo de noticias no necesariamente representa un aporte de calidad en la elaboración racional de la información que recibe ese ciudadano común. Los formatos tecnológicos desplazaron el hábito de una lectura con pausas para la reflexión.
El proceso de penetración tecnológica influyó notablemente en el mundo que rodea al negocio de brindar información. En la actualidad son una raza en extinción los empresarios periodísticos. Aquellos que en el siglo pasado representaron figuras como Natalio Botana, Roberto Noble, Héctor Ricardo García o Alejandro Romay, entre muchos otros, que crearon exitosos medios de comunicación.
Empresarios con distintas tendencias de pensamiento político que coincidían en la valoración de la tarea periodísticas porque era la que permitía vender más ejemplares o tener más oyentes/televidentes. Agotar una edición de una publicación gráfica era el resultado de una tarea periodística exitosa, una investigación o primicia del medio. Eso repercutía no solo en la recaudación por la venta, también se reflejaba en la cotización de las tarifas publicitarias. Llegar a ese resultado también representó un costo demasiado alto para muchos periodistas.
La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), formada a instancias del presidente Raúl Alfonsín, finalizó su informe Nunca Más señalando que los periodistas denunciados como desaparecidos eran 84. «Fue la tragedia más grande del periodismo argentino», escribiría Osvaldo Bayer en el prólogo del libro Periodistas desaparecidos.
Desde aquellos primeros años de democracia recuperada la cifra fue aumentando en paralelo a nuevos informes e investigaciones. En 2016, el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado daba cuenta que la cantidad de periodistas desaparecidos o asesinados llegaba a 171. Un nuevo reporte de este año, realizado desde el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado de la Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, corroboró 228 casos, de los cuales 5 corresponden a estudiantes de periodismo y comunicación.
Las consecuencias por ejercer un periodismo comprometido con la información y la investigación repercutieron directamente en su calidad. Una tendencia que fue en paralelo a la modificación de las estructuras empresariales dominantes de los medios de comunicación. Los más influyentes en la actualidad están referenciados, salvo honrosas excepciones, en grupos económicos que tienen como objetivo la defensa corporativa de sus intereses. La tarea informativa que distribuyen está enfocada en esa referencia propia.
Las investigaciones periodísticas han quedado en desuso, o son utilizadas en la medida que sirva al interés del grupo mandante. Ya no importa tanto la venta de ejemplares o su recaudación publicitaria que pasaron a ser un objetivo secundario. Al pertenecer a grupos económicos los medios de comunicación quedaron con la tarea de divulgar información que represente interés para ese colectivo de empresas. Un objetivo que sepulta la esencia misma del periodismo.


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