Por Claudio Leveroni
La historia no debería ser solo un repaso de aquello que ya fue, de lo que sucedió y vino en consecuencia. Un buen camino para jerarquizar la trascendencia de ese pasado sería ponerlo en valor en el presente. No parece ser la postal que los argentinos vivimos en estos días.
Desde unitarios y federales, atravesando toda nuestra historia, hay dos modelos de país que están en pugna. Continuaron los conservadores buscando frenar las políticas del radicalismo que representó Hipólito Yrigoyen. Más tarde encarnarían lo mismo contra el peronismo y sus reivindicaciones sociales que incluían la novedosa participación de la clase trabajadora. Ese tramo incluyó claras demostraciones de barbarie como fue lo de junio de 1955 bombardeando plaza de mayo asesinando a 400 personas, entre ellas niños que eran transportados en un micro escolar. Aquella postal del horror terminaría tres meses más tarde con el derrocamiento de Juan Perón.
Siguieron, en ese recorrido histórico de confrontación de modelos de país, groseras postales de censura y falta de libertades. Al exilio forzado de 17 años que sufrió Perón se agregaron situaciones tan grotescas como la de prohibir por Decreto Ley (4161), sancionado el 5 de marzo de 1956 por el dictador Pedro Eugenio Aramburu, pronunciar los nombres de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, y toda mención referida a la ideología peronista o que propagandizara al peronismo. El impacto de esta resolución provocó, entre otras cosas, un curioso rebusque popular. Al hablar de Perón, para no nombrarlo, se hacía referencia «al que te dije». Increíblemente ese Decreto estuvo vigente 8 años, hasta 1964. Abarcó períodos donde hubo elecciones presidenciales (1958-Frondizi y 1963 Illia) siempre con el peronismo proscripto.
Curiosamente aquella dictadura que derrocó a Perón en 1955 se autodenominaba la «revolución libertadora», utilizando la palabra libertad como expresión que surgía en defensa de los intereses de minorías empoderadas que desplazaban un mandato popular reflejado en un gobierno electo democráticamente.
El regreso del Perón, triunfando en 1974 en su tercera elección presidencial, sumado a lo que siguió tras el golpe de 1976, fortaleció la necesidad de un definitivo exterminio de políticas de mayor y mejor distribución de la riqueza nacional. La última dictadura cívico-militar desplegó una furiosa represión que incluyó la desaparición de miles de personas y el funcionamiento de centros de tortura en todo el país. Bajo la consigna de la libertad económica se abrieron deliberadamente las importaciones dejando consecuencias desgarradoras para la industria nacional y un consecuente aumento del desempleo.
A contramano de la historia golpista que venía soportando el país es necesario rescatar un acontecimiento de 40 años atrás que fortaleció la democracia. El triunfo de Raúl Alfonsín en 1983, montado sobre una mirada autocrítica del radicalismo y su protagonismo en etapas anteriores, tuvo el determinante acompañamiento del peronismo cuando se puso a su lado en semana santa de 1987. Fue para frenar un intento de golpe de Estado frente a lo que se conoció como el levantamiento carapintada que lideró Aldo Rico. Antonio Cafiero, al frente del Justicialismo y como gobernador bonaerense en ese momento, se puso junto a Alfonsín fortaleciendo la convivencia democrática.
Los capítulos más recientes de esta histórica puja política de modelos de país contrapuestos, dejan ver un llamativo contraste en la conducta política de los argentinos expresadas en su voluntad electoral. Los intereses de las minorías ya no requieren de golpes de Estado, hoy tienen peso en las urnas. La elección en la que surgió Mauricio Macri como presidente ha sido el primer mojón en esa dirección. No fue un fenómeno pasajero aquello de 2015. Con un mensaje mucho más violento y exacerbado ideológicamente tuvo consenso para que Javier Milei acceda a Casa Rosada.
Estamos ingresando a la antesala de una elección presidencial que resultará determinante para definir si se mantendrá esa tendencia «libertaria» de uno de los modelos que sostiene un país para pocos.


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