Un atentado sin repudio es una invitación a más violencia

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Por Claudio Leveroni

La violencia política sobrevoló este fin de semana dejando huellas en Bahía Blanca. Esperemos que no sea el incipiente comienzo de algo mayor. El explosivo que destrozó vidrios y mampostería de una unidad básica peronista reavivo imágenes de tiempos pasados que se instalan como lejanos para las generaciones más jóvenes, y muy cercanos para quienes corrugamos la piel.

Las palabras cargadas de odio que, con extraordinaria irresponsabilidad, cacarean comunicadores y dirigentes exacerbados en los medios masivos esta vez se mutaron en un hecho. Entre los escombros aparecieron panfletos dejados por los autores del atentado. Advierten que es el primero, auguran más y pontifican una purga.

En paralelo desde la tele se juega con fuego y todo vale. Inclusive una advertencia amenazante al propio presidente asegurando que debe agradecer que la gente no queme la Casa Rosada. Pirotecnia verbal que alguien puede hacer carne. Lo sucedido en Bahía es una señal. Al odio direccionado con intención política se le suele colar una dosis de marginalidad que anida en todos los sectores sociales. La pandemia deja enseñanzas en ese sentido, se ha visto algún profesional de la medicina sugiriendo tomar lavandina para combatir el covid, hubo denuncias penales acusando de veneno a las vacunas, o manifestaciones de grupúsculos quemando barbijos en la 9 de de Julio.

En nuestra fauna habitan los fronterizos, nunca tuvieron tanta prensa como en estos tiempos. Trescientas personas reunidas en el obelisco protestando merecieron este 25 de mayo una cobertura televisiva extraordinaria en la franja horaria en la que se alcanza mayor audiencia. Entrevistados plantearon argumentos de todo tipo, contra el gobierno, los barbijos, las vacunas, el encierro, la falta de libertad y hasta la mutación genética que aducen puede generar la vacuna. Tengo para mí que, tal como están siendo utilizados, los canales de noticias en nuestro país son sumamente tóxicos.

Bajo esta realidad surgió con tibieza o nulo rechazo el repudio al atentado que sufrió la UB peronista. La principal fuerza opositora al gobierno no consideró necesario emitir un comunicado a nivel nacional. Apenas replicaron 13 líneas de Juntos por el Cambio – Bahía Blanca en apoyo a la democracia pidiendo investigación para identificar a los culpables. El hecho fue demasiado serio como para mantener semejante silencio de la alianza nacional que reúne a la centro derecha autóctona. Tampoco se expresó individualmente cada fuerza partidaria de esa conjunción. Paradójico, el último mensaje en Twitter del ex presidente Mauricio Macri es una condena «del Pro a los actos terroristas perpetrados desde la Franja de Gaza y rechazamos todo acto que signifique una escalada de violencia».

Se sabe, el odio enceguece y no permite valorar hechos en su real dimensión. Si las fuerzas políticas no se alinean para establecer el límite de la confrontación la sociedad toda pagará un precio muy alto. La marginalidad no reconoce límites, explota en cualquier dirección.