Subyace en muchos sectores de la comunidad mundial una rebeldía creciente hacia la dirección que toma el avance tecnológico. Franjas sociales que cuestionan si las aplicaciones de las nuevas tecnologías tiene en cuenta las necesidades del hombre medio, o solo apuntan a mejorar la calidad de vida de los sectores más empoderados a costa de quienes ven postergadas o en retroceso su nivel de vida.

Una de las novedades tecnológicas son los taxis autónomos. Automóviles que pueden circular sin conductor, recopilando la información que necesitan para circular de sensores, cámaras, radares, GPS, mapas digitales, programas de navegación o mediante comunicación con otros vehículos conectados.

La marca Waymo (una empresa de Alphabet, cuyo mandante es Google) ya dio el primer paso en tres ciudades de Estados Unidos, Los Ángeles, San Francisco  y Phoenix. Se trata de autos taxi no tripulados que cuentan con varios sistemas de sensores redundantes, como lidar, radar y cámaras para generar una imagen en tiempo real de la carretera. Pueden conocer por donde puede circular, la posición y velocidad de otros vehículos, las señales de tráfico y reconocer a los peatones

San Francisco, ciudad donde más taxis sin conductor circulan, fue escenario de un incidente días pasados cuando varias personas atacaron e incendiaron una unidad evidenciando la oposición a la expansión de este tipo de vehículos no tripulados. Denuncian que son inseguros (días antes uno de estos taxis que llevaba una pasajera chocó contra un camión de bomberos a quien no le cedió el paso), que le quitan empleo a personas que viven manejando taxis, y también cuestionan el almacenamiento de datos privados relacionados con las personas que los utilizan y sus eventuales destinos que quedan almacenados en las computadoras.