¿País industrial o de servicios?: Un repaso a la historia deja ver la puja de modelos

El desarrollo industrial en nuestro país se fomentó a través de líneas de créditos específicos para alentar la instalación de fábricas. Políticas puntuales que logró gran expansión a partir de 1946. Bajo el gobierno de Juan Perón se instaló una Argentina industrial que no reconocía antecedentes. Se multiplicaron las industrias textiles, mecánicas, manufactureras, siderúrgicas. Años donde, también, se sentaron las bases de las políticas petroleras y automotrices.

El Banco de Crédito Industrial, creado en 1944, se encargó de ofrecer créditos de mediano y largo plazo al sector fabril. En su primer año otorgó 2.500 créditos que saltaron a más de 50.000 en 1954. Mediante este banco se apoyó el crecimiento de ACINDAR, Siderca e Industrias VASALLI. La empresa SIAM Di Tella probablemente sea el ejemplo más sobresaliente del desarrollo industrial argentino basado en capital local, cuyos logros bien pueden compararse con los de la industria norteamericana y británica. Di Tella llegó a tener 22 fábricas y 15 mil empleados en Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Su planta de Villa Diamante cubría 6 mil metros cuadrados

Su capacidad fabril le permitió iniciar en 1948 la producción de heladeras a un ritmo de 11.000 unidades anuales, para alcanzar las 70.000 diez años más tarde. En lo que respecta a lavarropas pasó de 2.000 unidades en 1948 a 38.000 en 1958. En 1952 lanzó la producción de motonetas que despertó una enorme demanda local.

SIAM Di Tella fue la primera en producir determinados artículos para la industria y el comercio. Fabricó bombas para la extracción de petróleo, motores y artefactos domésticos como heladeras y ventiladores. Su logro más impresionante fue la producción de un auto en los años sesenta. Acompañando aquellos tiempos de conquistas sociales Di Tella, además, fue pionera en la concesión de beneficios sociales y el mejoramiento de las condiciones de trabajo para su personal.

Como correlato a esta expansión industrial argentina, el gobierno decidió crear en 1946 el Instituto Argentino para la promoción del Intercambio (IAPI), con la idea de direccionar buena parte del comercio exterior nacional.  Sin embargo, y pese a que este período fue muy exitoso para la industria argentina este sector no logró amalgamar una dirigencia capaz de convertirse en una burguesía industrial con conciencia nacional.

En 1951 el presidente Perón le consultó a los distribuidores de automóviles, sobre la posibilidad de fabricar autos en nuestro país. Les hablaba de un mercado regional, de crear las bases de una industria que abastezca a toda América. No hay mercado, fue la respuesta que recibió de los dirigentes de las terminales automotrices.

Cuatro años más tarde, de aquella propuesta, en 1955, Perón firmó un decreto presidencial que permitió la creación de IKA Industrias Kaiser Argentina. El Kaiser fue el primer sedan argentino producido en el país. Su éxito comercial fue arrasador. En 1959 la industria automotriz vendió 27.834 autos, el 81% de ellos, es decir 22.612, fueron Kaiser Carabela fabricados en la planta de Santa Isabel en Córdoba. A mediados de los cincuenta la argentina industrial estaba en marcha. El censo de 1954 arrojó un total de un millón de trabajadores en el sector, distribuidos en 151.000 establecimientos fabriles en todo el país.

Aquel modelo de una argentina expansionista con políticas de protección para sus industrias, se mantuvo como una identidad propia durante los distintos gobiernos que se sucedieron hasta mediado de los años setenta.  El golpe de Estado de 1976, además de la barbarie que representó la represión y desaparición de personas, incluyó al país nuevamente en el dilema de verse absorbido por políticas que redujeron su capacidad productiva industrial para posicionarla como una nación de servicios.

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