Por Claudio Leveroni

Ya lo dijo el sociólogo y escritor Alvin Tofler, es cierto que el tiempo corre más rápido en estas épocas en comparación con siglos atrás. El autor del shock del futuro, libro publicado en 1970, explicaba en esas páginas que esto sucedía por que el tiempo que percibe una persona debe medirse no por el cronómetro sino por los acontecimientos que vive en su tiempo. Ese hombre nuevo de 50 años atrás tenía la percepción que sufría demasiados cambios en un período de tiempo demasiado corto. Así visto, nuestro reloj biológico corre más rápido que el de nuestros antepasados.

Bajo esta mirada podemos asegurar que los argentinos batimos récord con nuestro reloj biológico en comparación con cualquiera otro humano de este planeta. Nos devoran los acontecimientos, surfeamos en ellos, se hicieron parte nuestra vida en común. La semana pasada estábamos analizando el viaje de, la por entonces ministra, Silvina Batakis, a Estados Unidos donde se reunió con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, y el secretario del Tesoro David Lipton.

Batakis cuando bajó del avión que la trajo de vuelta ya casi no era más la titular de la cartera económica. Un golpe desestabilizador de los dueños del mercado cambiario llevó el dólar a $350. Lo hicieron con tanta rapidez que se intuía podía llegar a 400 o 500 en cuestión de horas y sin ningun tipo de justificación, más que la de golpear al gobierno nacional, castigando a todo el pueblo a través del aumento de precios que, por las dudas, siempre acompaña el alza de la divisa estadounidense.

Como la crisis es política, con repercusión en la economía, el gobierno buscó una resolución del mismo tenor acordando con Sergio Massa su incorporación al Gabinete Nacional. Ingresó con un manejo a todas luces superlativo. ¿Podrá Massa cortarle la cola al escorpión? ¿Se mantendrá dentro de los parámetros fundacionales que planteó la coalición de gobierno en 2019, y después truncadas en muchos aspectos por la pandemia y la guerra en Ucrania? Son preguntas que comenzarán a tener respuesta en poco tiempo más.

Por lo pronto, Sergio Massa prometió en su primer mensaje como ministro denunciar en la justicia argentina, y también en la unidad antilavado de Estados Unidos, casos de subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones. Se trata de 722 empresas importadoras que documentaron 13.640 operaciones de importación por un monto de U$S 1.254 millones que configuran una defraudación enorme para el fisco en un marco de escasez de divisas en las arcas del Banco Central y el Tesoro Nacional.

Massa les dio a las empresas 60 días para que corrijan esas anomalías. Si no las llevará a la justicia. Es una pulseada con el poder real. Su resultado marcará una tendencia en la gestión de Massa, quien además deberá investigar si se trató de una conducta recurrente en el tiempo de estas 722 empresas, o acaso fue una maniobra pergeñada en las últimas semanas como parte de un plan de desestabilización.

Si se trata de lo primero, es decir una maniobra dolosa con historia, quedará claro que hubo negligencia o complicidad en los controles oficiales. En cambio, si fue una asociación desestabilizante contra el gobierno, bien se podría aplicar la ley en defensa de la democracia. Como sea, lo más importante es que estos delitos no queden en la agenda argentina como una Causa Pendiente.