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La inflación no fue la protagonista de la peor crisis argentina

Por Felipe Efele

La inflación de agosto fue la más alta en muchos años, 12,4%. Esperable tras la devaluación superior al 20% que sufrió nuestra moneda el mes pasado. Fue parte de la imposición del FMI a nuestra economía.

La inflación es el tema central estos días. Un conflicto que se mete en nuestros bolsillos y nos mantiene en una crisis que parece no tener solución. Hubo también una batería de medidas aplicadas de inmediato por el gobierno buscando aliviar el impacto a los ingresos familiares. Los bonos de $30.000 para asalariados, la quita del pago del impuesto a las ganancias para trabajadores incluidos en la cuarta categoría, y la eliminación del IVA, con un tope de hasta 18.800 pesos, para los productos de la canasta familiar que alcanza a 18 millones de personas entre jubilados, monotributistas, empleados con ingresos menores a $708.000 mensuales

La inflación es un problema, pero repasando la historia reciente de nuestro país podemos apreciar que no ha sido protagonista de la peor crisis que sufrimos los argentinos que fue la del 2001. Nunca estuvimos tan cerca del precipicio. Sin embargo, la inflación estaba muy por debajo de lo índices de las naciones desarrolladas. Más aún, hubo inflación negativa. La anual de 2001 fue de -1,1.  La del 2000 también fue negativa, -0,9, y la de 1999 llegó a ser -1,2.

Para ponerlo en la cotidianeidad de nuestra compras: En diciembre de 2001, en pleno estallido social que dejó 39 muertos en las protestas callejeras y cinco presidentes en 11 días, un litro de leche costaba 3% menos que tres años atrás. Ese era el promedio del costo de vida durante la peor crisis argentina. El precio de los productos bajó mes a mes durante tres años seguidos.

¿Por qué estalló el país en diciembre de 2001? El disparador final fue el corralito financiero que limitó las extracciones a solo 250 pesos dólares diarios. La medida asumida por Cavallo hizo sumar a la clase media a las protestas que ya venían realizando los sectores más empobrecidos.

El corralito fue el último capítulo de un modelo de economía dolarizada que se desbarrancaba. Un modelo de puertas abiertas a las importaciones que generó una brutal recesión con el cierre de pequeñas y medianas industrias y el lógico aumento del desempleo y, por consiguiente también de la pobreza.

Un año antes del estallido muchas provincias, como Misiones, Entre Ríos, Formosa, Buenos Aires, Tucumán, Córdoba o Tierra del Fuego emitieron sus propias monedas, mientras desde Casa Rosada se ordenaba inundar el país con bonos Lecop.

La peor crisis argentina no tuvo como protagonista la inflación. Llegamos a esa situación límite en el 2001 como resultado de un modelo neoliberal que se alimentó en sus primeros años en democracia del ingreso por privatizaciones. Cuando esos fondos se terminaron quedó al desnudo las consecuencias de aquellas políticas que, además, fortalecieron el endeudamiento externo.

Ese modelo pugna por volver. Lo intenta con estructuras políticas y candidatos propios. Cuenta con el respaldo de grupos de comunicación y corporaciones económicas. Recordar nuestro pasado reciente no debe quedar como una Causa Pendiente.

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