Hasta el sábado próximo se realizará en Los Ángeles, la ciudad con mayor comunidad de habla hispana y población latina en Estados Unidos, la novena edición de la Cumbre de las Américas. No ha sido una sorpresa que el país anfitrión se tome atribuciones a la hora de despachar invitaciones y arrogarse una facultad que no tiene, la de prohibir la participación de algunas naciones. En este caso anunció que no pisarán su territorio los presidentes de Nicaragua, Cuba y Venezuela.

La arrogancia no pasó desapercibida para algunos mandatarios. El primero en poner las cosas en su lugar fue Manuel López Obrador. El Presidente de México anunció tempranamente que, si Estados Unidos insistía en esa postura patronal de la Cumbre prohibiendo el ingreso a representantes de tres naciones, él no asistiría. Desde Bolivia, Honduras, Guatemala y varias naciones del Caribe se sumaron a la postura de no ir a Los Ángeles si Cuba, Venezuela y Nicaragua son excluidas.

El Presidente Alberto Fernández, que además preside la CELAC, una organización que reúne a naciones de Latinoamérica y el Caribe, se sumó rápidamente a las críticas a Estados Unidos. Esta semana ha mantenido contacto con sus pares para determinar una postura común ante el conflicto.

Días pasados una cumbre de quienes participan en otra organización regional, el ALBA, se reunieron en La Habana para emitir un documento en el que destacaron que América cambió, ya no son posibles hablar de exclusiones como definió el Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.

El ALBA es una organización regional creada en 2004 como un Área de Libre Comercio integrada por Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Dominica, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Granada, San Cristóbal y Nieves, más una pequeña nación isleña llamada San Vicente y las Granadinas de tan solo 110 mil habitantes y apenas 284 kilómetros cuadrados que se independizó del Reino Unido en 1979. Su primer ministro, Ralph Gonsalves, habló de la responsabilidad que debería tener una potencia como EEUU en la organización de cumbre como la de América.

La primer Cumbre de las Américas se realizó en Miami, en diciembre de 1994. Con cierta irregularidad se realizan desde entonces cada tres años, siempre bajo la mirada estratégica dominante de Estados Unidos. Fue el Presidente Bill Clinton quien convocó a aquel primer plenario de naciones, Lo hizo con la excusa de promover el crecimiento económico y la prosperidad de la región.

En realidad, la convocatoria  de 1994 apuntó a darle continuidad a políticas de disciplinamiento del continente hacia los intereses dominantes de la poderosa nación del norte a través de la implementación de un mercado común único. Para lograr ese objetivo Estados Unidos necesita desarticular uniones regionales, como el Mercosur.

La convocatoria del Presidente Clinton intentó moldear viejas recetas norteamericanas que se repiten con el tiempo con la intención de mantener dominio continental. Hubo tres antecedentes a la primera Cumbre de la Américas realizada en Miami en 1994. El primero fue la Declaración de Panamá surgida el 22 de julio de 1956 con 19 naciones acordando principios comunes y creando el Banco Interamericano de Desarrollo, que desde entonces es manejado por Estados Unidos para direccionar créditos a emprendimientos regionales.

El segundo antecedente fue en 1961, después de iniciar la guerra en Vietnam, Estados Unidos dio a conocer una estrategia comercial globalizante para la región. Impulsó la creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, otro propósito de crear un mercado para dominar la región excluyendo a Cuba.

La Conferencia Interamericana Económica y Social realizada en 1961 en el balneario de Punta del Este, le sirvió de escenario al Ministro de Industria Cubano, Ernesto Che Guevara, para desnudar las aristas más perversas de la estrategia norteamericana, al tiempo que advertía de la rebeldía subyacente en los pueblos latinoamericanos.

El tercer antecedente previo a la primera Cumbre de las Américas fue un encuentro de naciones, también en Punta del Este, en abril de 1967. Se realizó bajo la impronta del presidente John Kennedy, asesinado cuatro años antes. Desde allí Estados Unidos diseñó lo que definió como la Alianza para el Progreso. Entre otras cosas prometía la inversión de 20 mil millones de dólares para desarrollar democracias en Latinoamérica. Fondos que distribuiría discrecionalmente a través del Banco Interamericano de Desarrollo.

La Alianza para el Progreso terminó en un fracaso y derivó en un nuevo impulso norteamericano de dominación para la región bajo otro modelo. Se denominó la Doctrina de Seguridad Nacional que daría paso al apoyo de golpes de estado que se sucedieron en los años 70 en países como Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.

A la primera Cumbre de las Américas de 1994 le siguieron siete más: Santiago de Chile (1998), Quebec, Canadá (2001); Mar del Plata (2005); Puerto España, Trinidad y Tobago (2009); Cartagena, Colombia (2012); Ciudad de Panamá (2015) y Lima, Perú (2018). Hubo dos cumbres más, definidas como especiales, que tuvieron como escenario Santa Cruz de la Sierra, Bolivia (1996) y Monterrey en Nuevo León, México (2004).

En todas las cumbres, menos en una, hubo un único documento final proclive a aceptar el mandato de Estado Unidos para coordinar sus intereses en un mercado común. La única Cumbre que presentó disidencias fue la realizada en Mar del Plata en 2005

Aquella cuarta cumbre de las Américas, realizada en noviembre de 2005 en Mar del Plata, volvió a tener como tema central la renovada propuesta de dominio comercial de Estados Unidos con la región. El Presidente George Bush (hijo) llegaba a nuestras tierras con la idea de concretar un área de Libre Comercio de las Américas.

El ALCA, como tal, intentó instalarse mucho antes del 2005 ya que venía con un cronograma de aplicación establecido en Cumbres anteriores donde se había fijado su fecha de inicio para el 2004. La oposición férrea que impusieron los incipientes gobiernos de Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, y Néstor Kirchner en nuestro país, evitó su implementación en el tiempo estipulado en las cumbres precedentes a la de Mar del Plata. Los tres líderes asumieron el compromiso que el ALCA no debía tener posibilidades de sobrevida, había que enterrarlo definitivamente en Mar del Plata.

Una de las estrategias para confrontar la avanzada de Estados Unidos en Mar del Plata, fue realizar una contra cumbre en la misma ciudad con actos donde se le de visibilidad pública a la estrategia que representaba el ALCA como instrumento impulsado para sostener el dominó estadounidense en la región. Fue Chávez el encargado de sostener aquella movida realizando un acto un día antes del inicio de la cumbre oficial.

El Presidente de Estados Unidos, George Bush (h), tuvo en Mar del Plata varios presidentes de la región que salieron en defensa de los intereses de Estados Unidos. Las asimetrías que proponía el ALCA eran las mismas reinantes en aquellos años entre los países de la región y Estados Unidos. Lula, que había asumido dos años antes la Presidencia de Brasil, declaraba que el 60% de las exportaciones brasileñas tenían trabas para ingresar a los Estados Unidos. Citaba al acero, el jugo de naranja y el azúcar, productos que pagaban un arancel promedio del 45% de su precio. Esto sucedía mientras los productos de Estados Unidos que entran a Brasil pagaban solo un 15% de arancel.

La conformación de un nuevo mercado continental, bajo el paraguas del Alca, profundizaría esas asimetrías uniendo a 34 países como si fuera uno solo bajo el poderoso influjo comercial de Estados Unidos. Más de 800 millones de habitantes, cuyo consumo cotidiano manejaría Estados Unidos con criterio de mercado interno para negociar con el resto de los mercados mundiales como lo definió el Presidente Kirchner a la hora de exponer en la Cumbre.

Kirchner no se quedó solo en marcar la asimetría que representaba el ALCA, también reivindicó políticas regionales propias como las que puede desarrollar el Mercosur.

Bush había llegado a Mar del Plata confiado en poder quebrar las resistencias al ALCA. En las tres cumbres anteriores a la del 2005 se habían concretado acuerdos sin mayores críticas por parte de los gobiernos más dóciles de Brasil, Venezuela y Argentina. Además, no había antecedentes de divergencias a la hora de acordar principios establecidos en el documento final de cada e encuentro.

En Mar del Plata la trilogía Chavez, Lula y Kirchner resultó determinante para modificar el cómodo escenario que era habitual para los intereses estadounidenses. Brasil, venía dando señales exigiendo que ningún nuevo tratado podía comenzar a funcionar si Estados Unidos mantenía los subsidios agrícolas y las barreras arancelarias.

Argentina padecía un cuadro similar al de Brasil. La red de protección para productores ganaderos y agricultores norteamericanos, establecida en subsidios por 180 mil millones de dólares para un período de 10 años, representa para los productores argentinos una pérdida de 1.400 millones de dólares. Esto sucede porque el productor de granos norteamericano ofrece sus cosechas en el mercado internacional a un precio muy bajo, ya que el estado le garantiza sus ganancias. Los subsidios de EEUU permiten producir sin riesgos.

Para asistir a la Cumbre de 2005 a delegación de Estados Unidos bajo al sur del continente minimizando el reclamo de Brasil y Argentina. Funcionarios de la Casa Blanca, como el Secretario de Comercio Norteamericano, Carlos Gutiérrez, declararon antes de viajar a nuestro país, que el ALCA seguía siendo el gran objetivo sin dar respuesta a los reclamos de Lula y Kirchner.

El resultado final de la Cumbre de Mar del Plata mostró la manifiesta rebeldía de un grupo de países nucleados en el Mercosur que se opusieron a firmar un documento en favor de la implementación del ALCA. Bush, que no habla castellano, debió soportar el discurso de Hugo Chávez en la jornada final. Como síntoma de desprecio por el presidente de Venezuela prefirió no atender su mensaje. Se mantuvo recostado en su butaca sin colocarse los audífonos para seguir la traducción.

El Presidente de Panamá fue el que propuso un documento final acompañando los intereses de Estados Unidos aprobando la creación del ALCA. Kirchner y Chávez lograron sumar a su par uruguayo, Tabaré Vázquez, para que sea quien presente un documento de rechazo al Acuerdo de Libre Comercio. El mismo rubricado por las naciones del Mercosur más Venezuela, aunque vale aclarar que el presidente de Paraguay Nicanor Duarte Frutos prefirió dejar a su canciller en la discusión final quien concluyó pidiendo, con temeroso discurso, que haya una única posición si detallar a cual se refería.

En la ronda final y cuando se fortalecía la postura de las cinco naciones que no acompañaban el ALCA, el Presidente de México, Vicente Fox, y el Primer Ministro de Canadá, Paul Martin, arengaron con perfil amedrentador a los Presidentes del Mercosur. Kirchner no se llamó a silencio señalando: “Patotear con una simple mayoría, ideas que tienen tanto que ver con la vida de nuestros pueblos, ayuda muy poco a la convivencia de los pueblos”.

Bush regresó a Estados Unidos con las manos vacías. Por primera vez la Cumbre de las Américas tuvo dos documentos finales. 29 naciones firmaron uno acompañando los intereses de Estados Unidos en región. Otras cinco: Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela rechazaron la propuesta del ALCA, aniquilando la posibilidad de su aplicación a partir de 2006 como estaba previsto.

La cumbre Mar del Plata fue una demostración de lo que son capaces de diseñar y poner en acción las naciones del Mercosur si funcionan unidas en un mismo proyecto de crecimiento mancomunado. Un proyecto que defienda los intereses y la soberanía de las naciones involucradas en el sur de esta región del continente. Un compromiso que no oculte mezquindades, ni miserias de esas que empañan la nobleza de la acción política. Quizás la Cumbre en Los Ángeles de la semana próxima pueda mostrar indicios similares a aquella del 2005. Un grupo de naciones que le pone límites a la discrecionalidad del poderoso del continente.