Por Claudio Leveroni

“La minoría automática está gobernando Argentina”, así resumió el senador Oscar Parrilli la provocadora intervención de la Corte Suprema de Justicia abortando el proceso electoral en dos provincias. En la medida cautelar Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz le dieron el visto bueno a las impugnaciones presentadas por representantes de Juntos por el Cambio, aunque sin tomar una definición sobre el reclamo. Hace más de un mes que tienen cajoneada esa presentación opositora que cuestiona las candidaturas de Uñac (San Juan) y Manzur (Tucumán). Una sugerencia a los cortesanos de última hora activó la decisión.

La maniobra de la Corte se realizó a pocos días de los comicios en Tucumán y San Juan, y fue anunciada mientras la Comisión de juicio político en diputados tomaba más testimonios en la acumulación de pruebas contra los desmanejos de los cortesanos.  

Completando el provocador recorrido de los integrantes del máximo tribunal, Rosatti fue más lejos. Disertó en la AmCham, el evento de negocios que monitorea Estados Unidos. En el Hotel Alvear el titular de la Corte opinó de política económica, habló de los excesos de emisión monetaria definiéndola como inconstitucional y avivó el fantasma del comunismo. Bajo el encadenamiento de estos acontecimientos sus dichos tienen reminiscencias golpistas.

La determinación de la Corte Suprema sugiere otras intenciones. Una posible candidatura de Cristina Fernández puede recibir tratamiento similar dándole curso a cualquier presentación impugnándola. La proscripción toma cuerpo bajo procedimientos de una inusitada violencia institucional.