El trasvasamiento generacional

Por Claudio Leveroni

En un reportaje publicado por la revista Primera Plana en mayo de 1972, Juan Domingo Perón asignó a las nuevas generaciones la responsabilidad de «ir haciendo el trasvasamiento generacional» Una tarea que les permita tomar la posta de aquella dirigencia nacida en la lucha de un sistema perimido que debía dar paso al futuro. Perón señalaba sabiamente que no se trata de tirar viejos por la ventana, las nuevas generaciones deben cargar con el bastón de mariscal que llevan en su mochila de juventud

Perón tenía en aquel entonces 77 años y estaba por encarar un enorme desafío personal, el retorno a un país gobernado por una dictadura cívico militar que atravesaba su etapa final con Agustín Lanusse usurpando la Casa Rosada.

Perón asumía su condición de líder del movimiento de masas más grande en la historia de nuestro país. Reservaba para sí la tarea de diseñar el modelo nacional pensando en una Argentina potencia, tal era el rótulo de presentación del plan económico cuyo arquitecto era el propio Perón y fue presentado en la CGT en diciembre de 1973.

El peronismo había vuelto al gobierno bajo la consigna Cámpora al gobierno Perón al poder. Cámpora estuvo 49 días en la Casa Rosada. No pocos aseguran que la idea de Perón era permanecer fuera de las responsabilidades administrativas para colocar todo su tiempo en el diseño de aquella Argentina potencia con la que soñaba.

Por estos días Cristina Fernández ocupa la centralidad de la política nacional. No es un tema de encuestas. Su figura convoca masivas movilizaciones. Se la escucha como en misa cuando habla. Ofrece datos, recorre el pasado y el presente, diseña el futuro. No será candidata. Le pide a la multitud que la sigue comprensión de sus gestos y palabras.

Cristina habló del compromiso que deben asumir las nuevas generaciones. Les recordó aquello del bastón de mariscal en la mochila. Hizo mención especial a aquella que es hija de una juventud castigada por la brutal represión de la última dictadura.

Eduardo Wado de Pedro viene mostrando un perfil de candidato presidencial. Arrastra una dolorosa historia personal que arranca con el cuerpo de su madre acribillada a balazos encima de él en una bañadera salvándole la vida. Ella estaba embarazada, ambos murieron. Wado sobrevivió. No brota odio en su relato sobre aquellos hechos. Más aún, contó que cierto día se cruzó en la calle con la hija del militar que asesinó a su madre. La mujer lo detuvo, se identificó y le pidió perdón.

Wado fue menospreciado hace pocos días por su tartamudes. Su respuesta estuvo por encima de la confrontación con el individuo que hizo el brutal comentario. Evitó entrar en una cuestión personal. Explicó que esas limitaciones no impiden desempeñar una buena tarea al gobernar y puso de ejemplo al gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, que hace algunos años se quedó totalmente sordo, y acaba de ser reelecto en las recientes elecciones con un 65% de los votos.

Hay un Wado al gobierno Cristina al poder que se va consolidando con el correr de los días. Es también un mensaje político que busca bajar el perfil de confrontación violenta en el debate electoral. Menos adjetivos calificativos y más ideas con elaboración de propuestas y pensamientos. La oposición deberá cambiar de estrategia o quedarse del lado más violento de la grieta. De no hacerlo quedará como una verdadera Causa Pendiente

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