Integrantes del Departamento de Estado de Estados Unidos estuvieron en nuestro país, en misión especial, entre los días 4 y 8 de abril último. En Villa Martelli, la localidad donde se encuentran las oficinas de la empresa operadora de las tres centrales nucleares argentinas, mantuvieron un encuentro con los máximos directivos de Nucleoeléctrica, la sociedad anónima que tiene al Estado Nacional como principal accionario a través del Ministerio de Economía de la Nación (79%) y la Comisión Nacional de Energía Atómica (20%).

En ese encuentro la diplomática visitante Ann Ganzer señaló, ante las autoridades de la empresa, que se trataba de una visita reservada en carácter de nación amiga, y que lo hacía preocupada por la posibilidad que Argentina compre un reactor chino para su próxima central nuclear, la cuarta, cuya construcción comenzará a fin de año.

Después de degradar la calidad técnica del reactor chino, los interlocutores estadounidenses ratificaron algo que ya la embajada de su país había advertido a través de un mensaje a la Cancillería argentina. “Si los chinos entran en Atucha 3, Estados Unidos quiere ingresar en el CAREM”, un proyecto que es el primer reactor nuclear de potencia íntegramente diseñado y construido en nuestro país.

El proyecto CAREM ratifica a Argentina como uno de los líderes mundiales en el segmento de reactores modulares de baja y media potencia que son utilizados para el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos o de polos fabriles e industriales con alto consumo de energía.

Los pormenores de la visita de la delegación estadounidense a Nucleoeléctrica salieron a la luz a través de una nota publicada en Página 12 por Alejandra Dandan quien recogió declaraciones del propio titular de la empresa estatal, José Luis Antúnez. Ese encuentro se desarrolló bajo el paraguas de un acuerdo internacional que existe entre Argentina y Estados Unidos, denominado Comité Permanente Conjunto de Cooperación en Energía Nuclear, por el cual los organismos más importantes abocados a la cuestión nuclear en ambos países se reúnen una vez al año de forma alternada en ambos países.

Argentina posee un gran desarrollo nuclear que le permite tener en funcionamiento tres centrales nucleares que aportan energía al interconectado eléctrico nacional. Embalse, Atucha 1 y Atucha 2. En febrero último el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, firmaron el contrato con Nucleoléctrica y la Corporación Nuclear Nacional de China para la construcción de la cuarta central nuclear, Atucha III.

Se trata de una inversión China de 8.300 millones de dólares para una obra que comenzará a construirse en noviembre de este año e involucrará la creación de más de 7.000 empleos directos. Atucha 3 tendrá una vida útil inicial de 60 años, se instalará en el Complejo Nuclear Atucha, en la localidad de Lima, y permitirá incrementar en más de un 60% la generación eléctrica de origen nuclear.

La misión diplomática de Estados Unidos que visitó nuestro país planteó su preocupación por el acuerdo de Argentina con China, entendiendo que atenta contra sus intereses en la región.  Se lo hicieron saber no solo a las autoridades de Nucleoeléctrica, también lo expresaron ante las máximas autoridades nacionales cuando fueron recibidos en Casa Rosada.

Durante la presidencia de Mauricio Macri el proceso de construcción de Atucha 3, que comenzó a pergeñarse en 2004 cuando Néstor Kircher visitó China, se mantuvo paralizado. Recién se reactivó en 2020 para intentar ingresar en su etapa decisiva.

Sin embargo, el trámite para activar la última etapa del acuerdo con China por Atucha 3 se mantiene hace más de cien días demorado en el despacho del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz. Es por este motivo que el senador nacional Oscar Parrilli lo citó para dar explicaciones en la Cámara alta.

Hace pocos días una delegación de senadores del Frente de Todos visitó las obras de la futura central Atucha III como una forma de respaldar su avance y las negociaciones con China. También se supo que convocaron a funcionarios del Ejecutivo para que informen sobre el tema y conocer el avance, o las demoras, del contrato por la adquisición del reactor.

Haciendo historia 

Ser un país con desarrollo nuclear de excelencia es una ventaja enorme, también acarrea permanentes presiones extranjeras. Desde las presidencias de Perón en adelante, Washington siempre presionó a nuestro país para que desmantelara el programa nuclear.

Durante su primera presidencia Juan Domingo Perón creó en 1950 la Comisión Nacional de Energía Atómica. Más tarde, el 24 de marzo de 1951, anunció que Argentina ya estaba en condiciones de liberar energía atómica y obtener radioisótopos mediante reacciones termonucleares. Días antes de dar esa novedad, el 16 de febrero, en la Planta Piloto de Energía Atómica en la Isla Huemul de Bariloche, se habían llevado a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica.

Cuando Perón hizo este anuncio, aún no se había descubierto la primera explosión de una bomba de hidrógeno, tampoco se había conseguido producir ese grado de energía en un ambiente controlado. Fue un anuncio, bautizado por la prensa como proyecto Huemul, que causó impacto a nivel mundial por aquellos tiempos.

Ciertos cambios de planes y algunas incongruencias que presentaban las tareas desarrolladas por quien era su máximo responsable, un científico alemán Ronald Richter, determinaron que Perón designe una comisión investigadora en 1952 que estuvo integrada por un grupo de científicos entre quienes se encontraban José Antonio Balseiro, Mario Báncora, Manuel Beninson, Pedro Bussolini y Otto Gamba. Esa comisión determinó darle fin al proyecto, y por fallidos los intentos de Richter.

Contrario a lo que se pueda suponer aquel primer paso trunco resultó determinante para el rápido y exitoso desarrollo de la política nuclear en Argentina.

Entre los grandes avances que se produjeron en materia nuclear en Argentina se destacan, el descubrimiento de seis nuevos radioisótopos en la tabla periódica, todos elaborados por primera vez en un acelerador de partículas comprado en los años cincuenta bajo la presidencia de Perón, y la creación, en el verano de 1955, del Instituto de Física de Bariloche bajo la dirección de José Balseiro.

En 1958 se construyó el primer reactor del país y en 1961 se logró la formación del diprotón, un hipotético tipo de núcleo de helio consistente en dos protones y sin neutrones. También hubo lugar para reacciones nucleares importantes y muchos trabajos que tuvieron cierto impacto internacional.

En junio de 1968 sobre la margen derecha del Río Paraná de las Palmas, en la localidad de Lima, comenzó la construcción de la Central Nuclear Atucha I, que lleva el nombre del Presidente Juan Domingo Perón. Se convirtió en la primera central nuclear de potencia de toda América Latina. Fue conectada al Sistema Eléctrico Nacional el 19 de marzo de 1974 y comenzó su producción comercial el 24 de junio de ese mismo año. Todos sus sistemas de seguridad fueron actualizados y cumplen con las exigencias locales e internacionales.

En 1976, mediante un convenio entre el Gobierno de la provincia de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica, nace como un proyecto impulsados por egresados del Instituto Balseiro nace INVAP.  Desde hace 46 años esta empresa estatal argentina, que en semanas más lanzará su tercer satélite al espacio, desarrolla y vende tecnología 100% local en los mercados más exigentes.

INVAP ha desarrollado grandes proyectos nucleares alrededor de todo el mundo, basando su trabajo en una gran capacidad de gestión, diseño, construcción y provisión de servicios de instalaciones nucleares, respondiendo a cada desafío con excelencia en todas sus etapas

Bajo la tercera Presidencia de Perón, el 7 de mayo de 1974 comenzó la construcción de la Central Nuclear Embalse, ubicada en la costa sur del embalse de río Tercero en la provincia de Córdoba. Diez años más tarde, el 20 de enero de 1984 comenzó su operación comercial. Esta central finalizó su primer ciclo operativo el 31 de diciembre de 2015. Después de completar el proyecto de Extensión de Vida, la central alcanzó con éxito la reactivación de su reactor el 4 de enero de 2019.

La tercera de las centrales nucleares que abastecen de energía al país, Atucha 2, tuvo colocada su piedra fundamental en 1982. Pero, en 1994 bajo la presidencia de Menem permeable a las presiones de Estados Unidos, la obra se paralizó hasta su reactivación en 2006. Finalmente, la obra se concluyó y comenzó a entregar energía a la red nacional el 27 de junio de 2014.

En agosto de 2006 el presidente Néstor Kirchner anunció la resucitación del Plan Nuclear Argentino, con una inversión global de 3.500 millones de dólares para concluir las obras de la tercera central atómica, construir una cuarta planta, y reanudar la producción de uranio enriquecido.

El objetivo primordial del Plan de Reactivación de la Actividad Nuclear Argentina lanzado por Kirchner, organizado en colaboración con Canadá, fue enfrentar con nuevos recursos los déficits energéticos, en un mundo donde es una constante el aumento en el precio del petróleo.

Hoy Argentina es uno de los seis países principales productores de radioisótopos. Es el responsable del 5% de la producción mundial. También produjo y vendió varios reactores de investigación en países como Egipto, Australia, Países Bajos, Brasil, Perú y Argelia.

Cuenta con tres centros atómicos monitoreados por la Comisión Nacional de Energía Atómica, donde se desarrolla investigación científica de base hasta la elaboración de soluciones tecnológicas de alto valor agregado. Son el Centro Atómico Bariloche, Bariloche en Río Negro; el Centro Atómico Constituyentes en el partido de, San Martín; y el Centro Atómico Ezeiza. En cada uno de ellos funciona un reactor de baja potencia dedicado a tareas de investigación y docencia.

Cierto es que el desarrollo de energía nuclear está siendo jaqueado en el mundo con duros cuestionamientos relacionados a la seguridad. Cuestionamientos que se fortalecieron después de los incidentes ocurridos en Chernóbil en 1986 y Fukushima (Japón) en 2011.

Sus defensores afirman que los niveles de seguridad son muy altos. Ponen como ejemplo que existen más de 400 centrales nucleares en el mundo y solamente se han registrado dos accidentes, y uno fue consecuencia de un desastre natural como fue el tsunami que azotó a Japón. Además, aseguran que se trata de energía limpia, ya que no emite gases de efecto invernadero. La Unión Europea le dio el visto bueno a estos argumentos y pidió clasificar como inversiones verdes a los proyectos de energía nuclear.

En términos generales, se reconoce a la nuclear como una energía limpia que tiene ventajas sobre la disponibilidad que ofrecen las energías renovables más difundidas como la Hidroeléctrica, Eólica y Solar. Las tres están condicionada a factores climáticos varios como las bajantes en los cauces, la falta de viento o luz solar. Un desarrollo industrial saludable no puede depender de ellas exclusivamente. En cambio, la energía nuclear no tiene interrupciones

Francia tiene el 70% de su energía eléctrica de origen nuclear, mientras que a nivel mundial ese porcentaje es de tan solo del 10%. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, apoya el proyecto de la Unión Europea anunciando que invertirá 1.000 millones de euros para desarrollar pequeños reactores nucleares. Por su lado Alemania recorre el camino inverso a Francia, anunció el inició del cierre de 3 de sus 6 plantas nucleares.

Argentina hoy es un país en desarrollo que puede sentarse en la misma mesa con las grandes potencias a la hora de hablar de asuntos nucleares. Pese a las presiones externas y a varios gobiernos que cedieron ante ellas para ser complacientes con los intereses de Estados Unidos, logró sostener en los últimos 70 años su rumbo de crecimiento, gracias a la inversión que el Estado ha realizado en esta área científica y tecnológica durante años. Un país que maneje la energía nuclear maneja también conocimientos involucrados en los campos tecnológicos y puede volcarlos hacia todas las industrias involucradas.