El peronismo afronta un nuevo desafío de época

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Por Claudio Leveroni

El cimbronazo electoral movió la estructura del gobierno nacional mucho más de lo que el propio Jefe de Estado imaginó en un primer momento. La carta pública de la vicepresidenta resultó ser un segundo potente mensaje. Advirtió que los cambios deben ser más profundos. Pareció ser una misiva políticamente incorrecta, acaso abriendo más la herida que lastimó una gestión que sufrió los crueles embates de la pandemia. No lo fue.

Las líneas de Cristina Fernández terminaron resultando antipáticas solo para quienes aspiraban minimizar el mensaje de las urnas. Ella ejerce la conducción marcando rumbos y estrategias, lo hace a sabiendas que cosechará antipatías desde adentro y fuera del propio espacio. Un sentimiento que no atraviesa el contacto que mantiene con un alto porcentaje de la población que, lejos de recriminarle, reconoce en esa condición frontal una virtud en el ejercicio del hacer que implica la conducción de un espacio como el peronismo.

Alberto Fernández esta vez recepcionó el llamado de la vicepresidenta. Se deshizo de colaboradores que en algunos casos fueron nocivos por el escaso vuelo político que cargaban. Se viene una etapa con impronta peronista más acentuada. No hay espacio para tibiezas. Veremos si hay correlato en los anuncios que esta misma semana se conocerán para mejorar las condiciones de los sectores más empobrecidos.

En la preferencia de los votantes, la economía hizo trizas aquello que pudo haber hecho bien el gobierno en este año y medio. El control de la pandemia fue uno de sus puntos altos. No hay crédito para el empobrecido discurso de la oposición mediática y su correlato partidario. Nadie quedó sin atender por falta de camas o respiradores. No hubo que enterrar muertos fuera de cementerios como si se hizo en muchas ciudades del llamado primer mundo. La campaña de vacunación fue eficiente. Dispararle al gobierno como responsable de los más de 100 mil muertos que dejó el virus, muestra la poca monta intelectual y discursiva de la opo.

El gobierno no advirtió el enojo de la población volcado en las urnas. Tuvo mal manejo con la presencialidad en las escuelas y descartó continuar con el IFE, pese a que todavía tenía más de 2,4 puntos del déficit aprobado en el presupuesto nacional para gastar. Cristina lo destacó en su carta. Fue una sobreactuación para mostrar en la negociación con el FMI. No es un ataque a Guzmán. Por el contrario, hay un reconocimiento para el ministro que mostró ser un muy buen negociador con el mundo exterior y acreedor del país. Logró una quita con bonistas beneficiando en más de 37 mil millones de dólares al país. Bajó notablemente las comisiones de los bancos que había aprobado el macrismo en estas negociaciones. En todo caso la determinación de inyectar más recursos puertas adentro del país, es potestad del presidente.

Para noviembre un mejor escenario electoral podrá darse si se eleva el nivel de participación de los votantes. El macrismo logró su triunfo en la merma de votos del oficialismo. La empoderada derecha nacional mantiene un piso alto. La izquierda sigue empantanada con atisbos de crecimiento en algunas regiones. El peronismo afronta un nuevo desafío de época. Interpretar los tiempos sin abandonar su premisa de origen.