El despliegue de odio, postal habitual en las movilizaciones de los sectores económicamente más empoderados del país, volvió a observarse este sábado en Plaza de Mayo. Una de las tantas demostraciones violentas en el tractorazo de Juntos por el Cambio se vio en el enrejado de la pirámide ubicada en el centro de la histórica plaza mostrando imágenes, construidas con bolsas y globos negros, de varios referentes del campo popular ahorcados. Entre ellos la vicepresidenta Cristina Fernández y su hijo, el diputado Máximo Kirchner.
«Los mueve el odio, siempre. Vamos a pedirle al Gobierno de la Ciudad, organizador de esta marcha, las cámaras para poder dar con los responsables de estas amenazas», afirmó la legisladora del Frente de Todos, Victoria Montenegro.
El pensador nacional Arturo Jauretche supo definir alguna vez: » La multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor».








