Para poder interpretar un hecho puntual de estos días activamos la imaginación. Lo hacemos suponiendo al presidente Milei en su despacho junto a un colaborador que le acerca papeles para firmar. Uno de ellos es el Decreto que establece la disolución del Coro Nacional de Niños creado en 1967.
Antes de estampar su firma el primer mandatario escucha un breve comentario de su colaborador sobre lo que está por desarticular: «Es necesario?, son pibes y no es un presupuesto voluminoso». En ese juego imaginativo Milei antes de estampar su firma le señala a su interlocutor que se trata de una determinación que deja en claro que el ajuste no tiene límites. La crueldad asoma como una cualidad a la hora de ejercer el poder de mando.
El organismo disuelto tiene como objetivo la formación artística de niños y adolescentes. La reorientación del Decreto 687/2026 señala que los objetivos de esa formación artística infantil y juvenil quedan bajo la responsabilidad de la Secretaria de Cultura. Para el gobierno resulta mucho más importante mostrarse inflexible, a tal punto, que es capaz de eliminar este coro nacional. Una forma de hacer ver que nada se interpone en un supuesto objetivo de achicar el Estado en todas las formas posibles.


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