Las 9 jornadas acusatorias con un cierre sobreactuado que devoró 10 horas de tediosa exposición de los fiscales no terminaron por generar el efecto que esperaba el amplio abanico opositor de la derecha vernácula. Para colmo cometieron el error de no darle posibilidad de réplica en fuero judicial a la Vicepresidenta como si eso la silenciaría. Grosero error.

En una hora y media, transmitida en cadena nacional voluntaria por todos los canales de cable, Cristina no solo demolió los frágiles argumentos de los fiscales, también mostró como obviaron más de 100 conversaciones vía whatsApp entre el condenado José López (el de los bolsos con 9 millones de dólares) y los empresarios Nicolás Caputto y Eduardo Gutiérrez.

La exposición de la Vicepresidenta dejó al descubierto la intencionalidad política de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola, quienes prefirieron no indagar sobre la relación del hermano del alma de Mauricio Macri (así definido Caputto por el ex presidente) y un aportante millonario de las campañas electorales del Pro, con López y el origen de los millones de dólares de coima que recibió.

Más aún, Cristina salió fortalecida políticamente, no solo por la contundencia de su exposición, también por la movilización que logró de la militancia peronista que la acompañó desde su domicilio en la Recoleta hasta el Congreso Nacional. Fue una respuesta a otro error de lectura opositora, esta vez de parte de los canales. Mientras Luciani consumía las 10 horas de cierre acusador se dedicaron a mostrar imágenes de la esquina porteña donde vive la Vicepresidenta con la intención de convocar a los más incautos reaccionarios. Lograron que un puñado de ellos cacerolearan por un rato. Lo hicieron hasta la llegada masiva de una muchedumbre que no está dispuesta a aceptar la proscripción de su líder.