Cambios en la Ley de Tierras con un pasado que advierte motivos y consecuencias

A propósito del proyecto de modificación de la Ley de Tierras, que el Senado tratará el próximo jueves, bien vale hacer una proyección histórica atendiendo que el presente siempre está ligado con nuestro pasado. En no pocas ocasiones ese repaso describe las pujas entre posiciones antagónicas de quienes fueron moldeando Argentina con ideas e intereses bien diferentes.

Una consigna a tener en cuenta en esa mirada retrospectiva es que cuando no hay billetes, se paga con tierra. En 1877 Argentina apilaba más de medio siglo de incómoda convivencia con el empréstito de la Baring Brothers. Aquella deuda externa impagable que instaló el primer presidente y endeudador de Argentina, Bernardino Rivadavia, había crecido muchísimo con los costos de la Guerra de la Triple Alianza.

Esa guerra infame que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870, respondió a los intereses británicos que buscaban acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el del Paraguay gobernado por Solano López. Los ingleses sabían que ese modelo podía devenir en un «mal ejemplo» para el resto de América latina.

Un fuerte inspirador de ese modelo de país fue Juan Bautista Alberdi quien realizó su diagnosticó recomendando lo siguiente: “Una de las causas de crisis en Sud América, ha venido a ser el afán ignorante y ciego de crear una industria fabril sudamericana, rival de la industria europea, por medio de una legislación protectora. La tentativa es del mismo linaje de locura, que la batalla de Don Quijote con los molinos de vientos”.

Para salir de la crisis, el llamado padre de la Constitución Nacional escribió el tratamiento más adecuado. Primero, la “supresión casi total del gasto en instrucción pública. Los discípulos deben pagar los sueldos de sus maestros. Las ciencias son un saber de mero lujo”. Segundo, “aplazamiento de las obras públicas, menos indispensables”. Tercero, “privatización de los bancos oficiales”. Y por último, un dato singular: “La venta de las tierras desiertas de la Patagonia, Chaco y Misiones, a los acreedores extranjeros”.

Haciendo un enorme salto en el tiempo la última dictadura cívico militar que gobernó Argentina se le ocurrió algo parecido, pero a través de una cara mucho más contemporánea del coloniaje. En 1979 se les ocurrió convertir a Gastre (Chubut), en un basurero nuclear al servicio del mundo desarrollado. Se hablaba de esas concesiones con olor a muerte, a cambio de condonar deuda externa. Avanzaron rápidamente en la concreción del proyecto. El freno lo pusieron los europeos, después hablar con el por entonces presidente de EEUU Jimmy Carter para advertirle: “No pongan residuos de alta actividad como plutonio, en manos de genocidas, porque los pueden convertir en bomba atómica”.

El proyecto fue reflotado por la versión neoliberal del menemismo, hasta que en 1996 el pueblo patagónico se puso de pie y dijo NO. Las negociaciones las habían iniciado, técnicos del Banco Mundial a nombre de los interesados: Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Suecia, Suiza, Francia, Bélgica y Canadá.

 

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