Buscando responsables del presente argentino

Por Claudio Leveroni 

Con frecuencia suele afirmarse que el presente del país, entendiendo que no es el esperado, resulta tener como principal y casi único responsable a una dirigencia política que administró mal la cosa pública. Se le endilga, en el mejor de los casos, que no ha estado a la altura de las circunstancias. Recae también en ellos la permanente sospecha de hechos de corrupción. Un cóctel de acusaciones que está lejos de ser una invitación para quienes tienen inclinación a dedicarse a esta actividad.

Sin quitarle una cuota parte de responsabilidad a la clase política por un presente de enorme insatisfacción general, aparece como exagerado recaerles como únicos hacedores de una crisis que, si bien lleva años, se encuentra lejos de abarcar una centuria como ensayó decir Scott Bessent, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos.

El funcionario de Trump, que por estos días asoma como una especie de interventor a distancia de nuestro país, se animó a semejante clasificación buscando justificar el apoyo a Milei quien ha dado muestras notables de obediencia incondicional a las autoridades de Washington.

La de Bessent es una mirada que comparte una franja numerosa de nuestra sociedad cuyo porcentaje ha ido aumentando en los últimos años. El indicador actual de esa expansión quedará expuesto en la elección del próximo 26 a partir de los votos que logre el oficialismo en todo el país. Será una adhesión que acompañará el discurso que remite toda la responsabilidad de la postal del promovido fracaso nacional a la clase política.

Se trata de una mirada intencional que no contempla otros factores que han sido determinantes para fortalecer una tendencia hacia cambios culturales. Dos de ellos pueden encuadrarse en la tecnología y la comunicación. Ambos, manejados en la actualidad por grupos económicos concentrados que van robusteciendo su poder desde estas plataformas logrando enorme penetración en las distintas capas sociales.

Desde allí, se fueron constituyendo valores creando también un nuevo sentido común. Han transformado en baluarte de época al egoísmo a partir de una exacerbación del individualismo, a contramano de aquellos valores basados en principios solidarios que fueron bandera de los partidos políticos populares durante la segunda mitad del siglo XX.

La aplicación de la tecnología en nuestra vida cotidiana invita a consumir consignas cargadas de intereses creados. Los medios de comunicación han fortalecido su protagonismo como canal eficaz para el traslado y masificación de esas consignas. Medios que se encuentran en poder de grupos económicos concentrados que han suplantado a los históricos empresarios periodísticos que el país supo tener. Personajes que buscaban vender más diarios, revistas o ampliar su audiencia radial o televisiva para poder mejorar la cotización y el rendimiento de su venta publicitaria.

Por encima de sus posturas políticas aquellos empresarios periodísticos tenían como objetivo que sus medios facturen más. Bajo esa consigna se desplegaba una amplia variedad de estilos y formatos periodísticos mucho más genuinos que los del presente.

Los grupos económicos que manejan los medios más masivos en la actualidad persiguen objetivos diferentes. Al ser un eslabón más del engranaje de negocios su rendimiento no es medido en niveles de facturación. No lo es porque su meta es construir y difundir pensamientos relacionados con la defensa de los intereses de esos grupos mandantes.

13 de diciembre de 2025

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