Por Claudio Leveroni

El retroceso del gobierno, con el anuncio en boca del ministro de economía de dar marcha atrás con seis articulados fiscales de su megaproyecto de ley, es una muestra más de la extrema improvisación que identifica a la administración que conduce Javier Milei. Una maraña de determinaciones y hechos producidos en las últimas horas abonan esta definición.

El presidente expulsó a uno de sus ministros y degradó el área que estaba a su cargo para ponerla bajo la tutela de economía. Aún no hay comunicado oficial señalando que dicho funcionario ya no está en funciones. La tarjeta roja se la sacó el presidente a Guillermo Ferraro que estaba (en realidad lo está hasta este domingo) a cargo del ministerio de infraestructura.

Desde la presidencia solo se le informó a medios amistosos con la administración nacional que se trataba de una renuncia por “razones personales”. La misma se formalizará en los próximos días. La historia oficial en períodos democráticos no encuentra un antecedente de características similares. Hay un ministerio en funciones que, por estos días, se encuentra a la deriva. Los medios más masivos atienden sus propios intereses y se encargan de minimizar semejante dislate.

El ministro Caputo se encargó el viernes por la noche de responder en forma muy sucinta, sin mayor explicación, que el área de infraestructura quedará a su cargo. Como correlato paralelo se argumenta a este hecho insólito utilizando lo que muchos funcionarios cercanos a Milei celebran como una frase suya de feliz impacto, “no hay plata”. En ese contexto, repiten que la salida del ministro se trata de una medida para ahorrar recursos. Fin del acto.

El caótico viernes cobijó una ola de rumores que involucraron a más funcionarios bajo un supuesto jaque presidencial. La no confirmación ni desmentida sobre la situación de Ferraro le abrió la puerta a especulaciones varias. La crisis de gabinete podía extenderse a otras figuras. Para colmo, la serruchada del proyecto de mega ley no garantiza que sea aprobado en diputados. Ni siquiera que sea tratado esta semana, aunque muchos auguran al martes como día determinante.

Para que el fracaso no represente una derrota política no alcanza con ocultar a Milei y reemplazarlo por Caputo en la exposición mediática. Hace falta seguir metiendo mano en el mañoso articulado. Los gobernadores intercambian consultas entre sí, no quieren sufrir la desgraciada situación de su par de Tucumán. Temeroso del escenario que le describieron Osvaldo Jaldo cedió rápidamente ante las presiones del gobierno nacional y está pagando las consecuencias políticas correspondientes. Le espera un aislamiento desde su propio espacio político cercano al ostracismo.

Milei entro en cólera cuando le plantearon nuevos recortes, especialmente relacionados con facultades especiales y derogación de promociones provinciales. El proyecto empieza a dejar de ser mega para transformarse en una serie de modificaciones de leyes muchos menos trascendentes que el boceto original. Es la única forma de garantizar que él mismo no sea una dolorosa derrota política para el oficialismo con variantes de gobernabilidad muy complicadas. La otra alternativa es disimular el traspié dejando correr el tiempo de su tratamiento parlamentario.