El alineamiento del gobierno argentino con las políticas que Estados Unidos diseña para nuestra región colocan a Argentina en una postura que se contrapone a la de tiempos no tan lejanos. Milei viene de participar diez días atrás en la llamada Cumbre de Seguridad realizada en el club de golf de Trump en Doral, Florida, cerca de la residencia del presidente de Estados Unidos en Palm Beach. Participaron una docena de países enviando a sus primeros mandatarios, entre ellos estuvo Javier Milei.
La cumbre se fue armando bajo el argumento de crear un escudo de seguridad contra el narco terrorismo regional. Ciertamente, el objetivo es alinear a los gobiernos de esta parte del planeta hacia intereses que timonea Estados Unidos buscando fortalecer su presencia en el continente ante lo que considera un riesgoso avance de China. El plenario realizado en EEUU busca reemplazar la Cumbre de las Américas que desde 1994 se realiza aproximadamente cada tres años.
Estados Unidos fue debilitando la Cumbre de las Américas (la última que iba a realizarse en diciembre pasado en República Dominicana fue suspendida) a partir de su cuarta edición realizada en el 2005 en Mar del Plata. Estados Unidos venía planteando desde las ediciones anteriores con la implementación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que había consolidado en Miami, Estados Unidos, durante la I Cumbre de las Américas de 1994.
Las asimetrías que proponía el ALCA eran las mismas reinantes en aquellos años entre los países de la región y Estados Unidos. Lula, que había asumido dos años antes la Presidencia de Brasil, declaraba que el 60% de las exportaciones brasileñas tenían trabas para ingresar a los Estados Unidos. Citaba al acero, el jugo de naranja y el azúcar, productos que pagaban un arancel promedio del 45% de su precio. Esto sucedía mientras los productos de Estados Unidos que entran a Brasil pagaban solo un 15% de arancel.
La conformación de un nuevo mercado continental, bajo el paraguas del Alca, profundizaría esas asimetrías uniendo a 34 países como si fuera uno solo bajo el poderoso influjo comercial de Estados Unidos. Más de 800 millones de habitantes, cuyo consumo cotidiano manejaría Estados Unidos con criterio de mercado interno para negociar con el resto de los mercados mundiales como lo definió el Presidente Kirchner a la hora de exponer en la Cumbre.
Néstor Kirchner, por entonces presidiendo Argentina, no se quedó solo en marcar la asimetría que representaba el ALCA, también reivindicó políticas regionales propias como las que puede desarrollar el Mercosur.
Bush había llegado a Mar del Plata confiado en poder quebrar las resistencias al ALCA. En las tres cumbres anteriores a la del 2005 se habían concretado acuerdos sin mayores críticas por parte de los gobiernos más dóciles de Brasil, Venezuela y Argentina. Además, no había antecedentes de divergencias a la hora de acordar principios establecidos en el documento final de cada e encuentro.
En Mar del Plata la trilogía, Lula, Kirchner el presidente de Venezuela Hugo Chávez, resultó determinante para modificar el cómodo escenario que era habitual para los intereses estadounidenses. Brasil, venía dando señales exigiendo que ningún nuevo tratado podía comenzar a funcionar si Estados Unidos mantenía los subsidios agrícolas y las barreras arancelarias.
Argentina padecía un cuadro similar al de Brasil. La red de protección para productores ganaderos y agricultores norteamericanos, establecida en subsidios por 180 mil millones de dólares para un período de 10 años, representa para los productores argentinos una pérdida de 1.400 millones de dólares. Esto sucede porque el productor de granos norteamericano ofrece sus cosechas en el mercado internacional a un precio muy bajo, ya que el estado le garantiza sus ganancias. Los subsidios de EEUU permiten producir sin riesgos.
El resultado final de la Cumbre de Mar del Plata mostró la manifiesta rebeldía de un grupo de países nucleados en el Mercosur que se opusieron a firmar un documento en favor de la implementación del ALCA. Bush debió soportar el discurso de Hugo Chávez en la jornada final. Como síntoma de desprecio por el presidente de Venezuela prefirió no atender su mensaje. Se mantuvo recostado en su butaca sin colocarse los audífonos para seguir la traducción.
Bush regresó a Estados Unidos con las manos vacías. Por primera vez la Cumbre de las Américas tuvo dos documentos finales. 29 naciones firmaron uno acompañando los intereses de Estados Unidos en región. Otras cinco: Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela rechazaron la propuesta del ALCA, aniquilando la posibilidad de su aplicación a partir de 2006 como estaba previsto.


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