Un debate que reforzó imágenes negativas y positivas de los candidatos

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Si bien los debates electorales aportan más como show televisivo que contenido e ideas de los postulantes tienen un lado positivo, alimenta el conocimiento de quienes son espectadores sobre el perfil de los candidatos. Expone sus limitaciones intelectuales y de formación para afrontar planteos. En Santiago del Estero quedaron a la vista.

Claramente Patricia Bullrich fue la más endeble de los cinco. Su escasa capacidad oratoria es un correlato de las limitaciones que muestra. En el terreno económico fue incapaz tan siquiera de memorizar y repetir algunos datos. Con un vocabulario técnico nulo se limitó a repetir slogan de campaña sin poder profundizar mínimamente en alguna variante de como combatir la inflación o mejorar los ingresos de los argentinos. La representante de Juntos por el Cambio no flaqueó solamente en economía.

Javier Milei detectó las falencia de Bullrich e insistió en preguntarle sobre resoluciones económicas de su espacio. El libertario logró controlar sus emociones que lo han llevado, en otras circunstancias, a llamativas situaciones de ira. Durante varios pasajes del debate se preocupó por mostrar sonrisas irónicas cuando era afectado por críticas. No habló, ni tampoco le fue preguntado, por el proceso de dolarización que impulsa para la economía argentina. Se refirió en términos de «excesos» del último proceso militar al que nunca define como dictadura, y aseguró erróneamente que las agrupaciones armadas ERP y Montoneros cometieron delitos de lesa humanidad (solo definidos así los que se cometen con la participación del Estado).

Sergio Massa volvió a pedir disculpas por aquellos errores ocasionados por el gobierno en la toma de decisiones que afectaron negativamente a los argentinos. Planteó continuar con la baja de impuestos como el de ganancias e IVA para productos de la canasta básica. Anunció un nuevo blanqueo y una moneda digital. Evitó la confrontación personal con sus rivales, intentó centrarse en el debate de ideas para el futuro de los argentinos. Reiteró su voluntad de conformar un gobierno con distintos sectores políticos, incluyendo a dirigentes radicales del Pro y hasta liberales. Su imagen presidencial fue la más solida entre los cinco aspirantes.

Juan Schiaretti sobreactuó su rol de gobernador cordobés. Casi que no hubo intervenciones suyas sin mencionar las bondades del presente en la provincia mediterránea. Su performance quedó apenas por delante de la representante del Pro.

Myriam Bregman se movió en el debate con soltura. Repitió consignas clásicas del frente de izquierda que representa y pudo extenderse en chicanas que tuvieron como eje a Javier Milei a quien definió como un gatito mimoso del poder económico. Comenzó con una sonrisa la respuesta a una pregunta de Massa que apuntó a saber si seguía sosteniendo que el peronismo y los libertarios eran  los mismo. El ministro buscaba una definición de la izquierda para una supuesta segunda vuelta entre ambas fuerzas.