Por Claudio Leveroni
Recta final de dos semanas para llegar al destino final del domingo 14. ¿Podrá el oficialismo revertir el resultado de las PASO? En la evaluación previa, buscando encontrar una respuesta que anticipe la reacción del electorado, se entremezclan antecedentes y sensaciones. Entre los primeros se recuerda lo sucedido en las primarias de 2019, cuando la alianza gobernante encabezada por Macri perdió por más de 20 puntos y varias semanas más tarde logró acortar a 10 esa diferencia. Es un dato relevante que refleja la existencia de una franja voluminosa de votantes muy fluctuante, cuya tendencia se modifica radicalmente con determinados estímulos. En términos electorales es el sector más vulnerable, sin vocación por la participación política pero inmersa en los vaivenes sociales. Son hijos de la exacerbación de una grieta que siempre existió, pero se expandió como reguero de pólvora y potenció en los últimos años.
En el oficialismo expresan que en septiembre hubo ausencia de votantes propios. Realizaron una lectura errónea sobre el impacto inflacionario y la influencia de los medios opositores en la percepción general. Visto así, han colocado la energía en recuperar la voluntad de esa masa de ciudadanos. La campaña, en la mayoría de los 24 distritos del Gran Buenos Aires, se hace puerta a puerta. Puntean el padrón, observan quienes no fueron a votar, y los van a visitar. La propuesta incluye ofrecimiento de movilidad para el domingo 14. Una dinámica de las antiguas internas partidarias. En dos semanas se sabrá si alcanzó esa tarea para girar la tendencia.
Todos los sectores internos del Frente de Todos están abocados a la tarea de revertir el resultado electoral de las PASO. No hay especulación en eso. A ninguno le resultará conveniente una nueva derrota. De todas formas, el lunes 15 comenzará un barajar y dar de nuevo por el reposicionamiento de cada sector interno. La chance de reelección de Alberto Fernández quedo sepultada el 12 de septiembre. Hasta ese día había consenso para apostar por un nuevo mandato, el resultado de las urnas aniquiló esa posibilidad. El desafío pos-electoral será (sea cual fuere el resultado), además de controlar la inflación y renegociar la deuda con el FMI, mantener la puja interna bajo control sin que afecte la gobernabilidad.
La oposición por derecha no ofrece garantías. Su discurso es una muestra de la endeblés con la que transita. Agiganta adjetivos calificativos contra el gobierno sin ahondar en propuestas superadoras. Camina al compás del auténtico mandante de ese espacio, el principal grupo mediático del país. Juntos por el Cambio fue eyectado del gobierno por voluntad popular hace tan solo dos años. Fue después de duplicar la inflación anual que había recibido, de elevar los niveles de desempleo, de volver a endeudar al país con el FMI, de aumentar las tarifas de los servicios públicos hasta un 3 mil por ciento, y eliminar 15.424 pymes según datos de AFIP, procesados por el CEPA. Con semejante antecedente, a tan poco tiempo de haber ejercido el poder, difícil creer que desde este espacio pueda encontrarse una solución.
La oposición por izquierda creció en las PASO gracias al descontento. Fue mínimo, pero sumó un par de puntos que la dejan como tercera fuerza nacional. Tiene como desafío retener los votantes. Primero, deberá superar la barrera de su propia limitación para interpretar la voluntad del soberano.
Cada época deja una señal, marca una tendencia. La de estos tiempos está atravesada por una revalorización del individualismo por sobre lo colectivo. Las aristas más extremistas, como las ideas socialmente primates que plantean Milei y Espert, han cosechado parte del descontento social. Un retroceso en el camino hacia una sociedad más justa y equilibrada en la distribución de los recursos que genera el país.








