Larreta las clases presenciales y una furiosa interna

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Larreta vuelve a apostar por mantenerse firme en no suspender las clases presenciales en la Ciudad de Buenos Aires. Se lo volvió a manifestar a Alberto Fernández en la video charla de tan solo 15 minutos que mantuvieron este sábado. Lo hizo después que el presidente abordara el tema como una sugerencia para enfrentar la segunda ola de la pandemia que ya muestra signos elocuentes de su presencia en el país.

Las medidas sanitarias para afrontar la contingencia se han transformado en un ariete político en año electoral.  La alianza Juntos por el Cambio se encuentra en estado de frenesí, ningún sector quiere quedar fuera del escenario principal. La foto en la Rosada mostrando a Christian Ritondo y Jorge Macri junto a funcionarios de primera línea del gobierno nacional irritó los ánimos del espacio que gobernó hasta diciembre de 2019, mucho más después de escuchar que el intendente de Vicente López y el titular de la bancada en la cámara baja se proclamaron voceros de una propuesta del oficialismo para suspender las PASO.

El ala dura de JxC, cuya fortaleza se constituye desde el extremo de la grieta, puso el grito en el cielo tras aquella instantánea. Los radicales y la Coalición Cívica también creyeron descubrir una maniobra del gobierno para correrlos de un protagonismo central en las determinaciones que asume la alianza opositora. Larreta se mueve en estas aguas turbulentas, una determinación política no conveniente puede generar escarceos innecesarios, al menos por ahora. Siente que aceptar el regreso a clases virtuales, aunque sea por unos días, dejará espacio para criticas internas. Los duros lo están esperando, militan los temas hasta límites impensados. Ritondo lo sabe, su firma avaló una solicitada que colocó a Estela de Carlotto en la vereda de enfrente de los derechos humanos. La dupla Macri-Bullrich arrastró al oriundo de Mataderos con imagen de mucha calle hasta el fango de una cortada no asfaltada. Parecía más pícaro, pero no pudo evitar llegar a un extremo tan políticamente desaconsejable.